PERIODISTA GERARDO FERNANDEZ CASANOVA>>

LAICISMO EN LA 4T>>
Gerardo Fernández Casanova>>
Definitivamente no me parece correcta la manera laxa en que el Presidente López Obrador maneja los asuntos religiosos; al fin pude encontrar algo en lo que pueda ser claramente crítico, sin perjuicio de mi consabido apoyo al proyecto de transformación emprendido. En mi artículo de la semana pasada hice referencia a la participación de dos religiosos en el acto de convocatoria a la unidad nacional en Tijuana; incluso por ser una causa de separación entre la población, aún en el acto mismo fue notorio el conflicto entre las dos expresiones religiosas que ahí se evidenciaron.
Es una lección de la historia que las creencias religiosas pueden intentar cierto ecumenismo en los tratos diplomáticos de sus altas jerarquías, pero que no resisten la ácida prueba de la cotidianidad cuando baja a los grupos sociales. Tampoco resultan ser tan ecuménicas cuando de la lucha por el poder se trata; de ahí los conflictos en el orden de la política derivados de la intervención de intereses religiosos; las jerarquías son instrumentos de poder y siempre estarán tentadas a extenderlo por la vía política.
Intento comprender a López Obrador que habiendo recorrido todo el país en sus más recónditos rincones, se haya percatado que en los sitios en que hay una presencia de cristianos evangélicos se percibe otra moralidad, más propicia al trabajo y plenamente alejada del alcohol; en tanto que en la tradición católica predomina lo contrario: la fiesta patronal; los festejos por compadrazgo; los rituales de difuntos; las celebraciones familiares por bautismos, quinceaños, bodas y hasta por quítame aquí estas pajas, dan lugar a borracheras y sus correspondientes crudas. Aunque vale añadir que en esta condición cultural es donde prevalece la solidaridad, el tequio, la seguridad comunitaria y otras expresiones de la cultura de los pueblos.
Las religiones en sí mismas no son el problema, sino que lo son los cleros; quienes las administran y en las que se registran aberraciones de toda índole, desde la preponderancia política y la pederastia hasta la exitosa comercialización de las creencias (LIXVM Y Luz del Mundo), de ninguna manera ejemplares para una cartilla moral. La historia es muy elocuente en estas materias.
En el siglo XIX mexicano, el contubernio entre la jerarquía católica y las monarquías arroparon al conservadurismo oligárquico, clerical y militar que tanto nos dañó. Ni Hidalgo,
ni Morelos, ni Matamoros, curas luchadores por la independencia, pertenecían a la jerarquía eclesiástica, tampoco lo era Jarauta, el jesuita español que entabló la guerrilla contra el invasor yanqui en el 47, fusilado por Anastacio Bustamante en 1848 y desconocido por la historia oficial. Pero la alianza conservadora encabezada por la Iglesia Católica fue el mayor lastre para la formación de la nueva nación independiente.
La Revolución de Ayutla, encabezada por Juan Álvarez, acabó con el dictador Santana y abrió el camino a los liberales de Juárez para acabar con el gran poder católico conservador, cosa que fue posible hasta 1867 con la Restauración Republicana, cuya enorme aportación a México y al mundo fue la separación entre la Iglesia y el Estado, instaurando la libertad de culto y el laicismo oficial. La Revolución Mexicana enfrentó igualmente a una iglesia que en el porfiriato había recuperado parte importante de sus privilegios y canonjías; Obregón y Calles la combatieron denodadamente y lograron un “entendimiento” bajo el cobijo constitucional, por el que prevaleció la laicidad pero no acabó con la influencia católica. En su ilegitimidad Salinas de Gortari les otorgó el reconocimiento jurídico y entabló relaciones diplomáticas con el Vaticano, con lo que hoy nuevamente tenemos a la jerarquía católica buscando dirigir al estado conforma a sus intereses.
Por su parte, los cristianos evangélicos han venido bordando fino. Por su labor pastoral y mediática han venido aumentando su presencia social y política; incluso como ingrediente del proyecto hegemónico yanqui, que ya tiene un malhadado presidente en Brasil. Andrés Manuel les incorporó a la alianza Juntos Haremos Historia, con poca utilidad y muy alto costo (los morelenses fuimos moneda de cambio).
Sr. Presidente: Me atrevo a sugerirle que deje a Dios, a la Biblia y al cristianismo en su casa y aproveche la gran riqueza identitaria del Laicismo.
Correo electrónico: gerdez777@gmail.com

