COLUMNISTA IGNACIO CORTES MORALES>>

Por la libre 2074 del 23de junio del 2019 Por Ignacio Cortés Morales>>
1.- Me voy a jubilar I>>
1.- Un día; en ocasiones un día cualquiera, viene la decisión, tan trascendente como el día en el cual se eligió un sendero para cruzar por tantos años de la existencia, y casi sin que nadie se diera cuenta se llega al final, y ahora ¿qué sucederá?, ¿qué voy a hacer?, ¿y los otros, me van a extrañar?, ¿qué harán con lo que yo hice?, y se mezcla la vanidad y se considera que no se podrá, pero, el universo sigue su curso, y si él que es infinito no requiere de las estrellas que se apagan, la empresa, la fábrica, la oficina, menos.
Nadie es indispensable, todos son sustituibles, y, en breve, el espacio será cubierto y usted sólo será recordado algún día, pero se irá diluyendo el recuerdo; así pasa, no se alarme, es el devenir de los tiempos, y es lo que no debe interesarle, lo que suceda en el lugar que ya no es de usted, será de otro, y quizá lleve algo de lo que hizo, pero tampoco le importe.
Si usted cree que es indispensable, le pediré que no se mienta; en no pocas veces se fue de un trabajo al otro y lo que dejó, ahí quedó y siguió en evolución, o se estancó, pero no es algo de su incumbencia, y si se mete, mal se hace usted y peor hace; ni para externar el consejo; acaso una sugerencia o decir qué se hacía ante alguna circunstancia, pero no sea metiche, ya su tiempo se acabó y deje que los otros hagan lo que crean conveniente.
Que no le gane la vanidad, no es buena consejera, siempre está a su favor y es bien poco realista, así que sujétese a su determinación y siga para adelante, que la vida no se acaba el día que se jubile, a menos que usted decida atarse al sillón, frente al televisor, cuando que hay tantos libros qué leer y qué escribir, tantas cosas para crear, tanto qué pensar y decidir, el deporte, el intercambio de ideas frente a buena tasa de café, sentir hasta que el nuevo día llegue o que finalice en el que está, pero no atado a la cama, no dejar de ver la tele por el cansancio y al día siguiente, a las 10, las 11 o más, retomarla y en ciclo que le va a matar de tedio, y contra esa enfermedad no hay remedio; usted es el doctor igual que la medicina, y es usted el que decide: morir de tedio o de nostalgia, saturada de vanidad.
“A estas horas estaría haciendo esto o aquello”. Déjese de tonterías, no lo va a hacer más. Si va a estar con ello no se jubile, si va a estar chillando y añorando el trabajo, siga adelante, pero ni si queje y hágalo bien, con gusto, no sea un lastre para la empresa, sino el coadyuvante para algo mejor. Así las cosas, piénselo, la decisión es suya solamente.
Mueren más personas de tedio y de depresión que del esfuerzo físico y mental frente al trabajo elegido, así que usted decida el instante para irse; si usted es honesto lo hará en el momento justo, cuando crea que la misión propuesta por usted la ha cumplido; nadie está obligado a lo imposible y siempre se dejará algo que se pudo o se debió hacer, o que se ocurrió justo en el instante en que regresa la vista al lugar que fue suyo y se da cuenta que eso faltó “y era tan fácil”, pero ya lo harán otros y quizá en gran terminado.
Lo ideal sería que pudiera hacer la entrega antes de irse y no regresar después y tener que pedir permiso hasta para entrar al lugar que fue suyo; páctelo y asegúrese que así sea y se irá más tranquilo, ya sin cargas que cumplir porque ya se hicieron. Piénselo así.
No es fácil decidirlo, y para terminar, dejo dos puntos: 1.- ¿Debo anunciar que me voy a ir?, y le respondo, ¿para qué?, y 2.- Me voy a jubilar para hacer lo que tanto quise hacer, y le diré que es usted un desperdiciado, pues pasó los mejores años de su vida en esta actividad que no le gustaba, o no le llenaba. Es un criminal contra sí mismo. Ya regreso.
Nadie es indispensable, todos son sustituibles, y, en breve, el espacio será cubierto y usted sólo será recordado algún día, pero se irá diluyendo el recuerdo; así pasa, no se alarme, es el devenir de los tiempos, y es lo que no debe interesarle, lo que suceda en el lugar que ya no es de usted, será de otro, y quizá lleve algo de lo que hizo, pero tampoco le importe.
Si usted cree que es indispensable, le pediré que no se mienta; en no pocas veces se fue de un trabajo al otro y lo que dejó, ahí quedó y siguió en evolución, o se estancó, pero no es algo de su incumbencia, y si se mete, mal se hace usted y peor hace; ni para externar el consejo; acaso una sugerencia o decir qué se hacía ante alguna circunstancia, pero no sea metiche, ya su tiempo se acabó y deje que los otros hagan lo que crean conveniente.
Que no le gane la vanidad, no es buena consejera, siempre está a su favor y es bien poco realista, así que sujétese a su determinación y siga para adelante, que la vida no se acaba el día que se jubile, a menos que usted decida atarse al sillón, frente al televisor, cuando que hay tantos libros qué leer y qué escribir, tantas cosas para crear, tanto qué pensar y decidir, el deporte, el intercambio de ideas frente a buena tasa de café, sentir hasta que el nuevo día llegue o que finalice en el que está, pero no atado a la cama, no dejar de ver la tele por el cansancio y al día siguiente, a las 10, las 11 o más, retomarla y en ciclo que le va a matar de tedio, y contra esa enfermedad no hay remedio; usted es el doctor igual que la medicina, y es usted el que decide: morir de tedio o de nostalgia, saturada de vanidad.
“A estas horas estaría haciendo esto o aquello”. Déjese de tonterías, no lo va a hacer más. Si va a estar con ello no se jubile, si va a estar chillando y añorando el trabajo, siga adelante, pero ni si queje y hágalo bien, con gusto, no sea un lastre para la empresa, sino el coadyuvante para algo mejor. Así las cosas, piénselo, la decisión es suya solamente.
Mueren más personas de tedio y de depresión que del esfuerzo físico y mental frente al trabajo elegido, así que usted decida el instante para irse; si usted es honesto lo hará en el momento justo, cuando crea que la misión propuesta por usted la ha cumplido; nadie está obligado a lo imposible y siempre se dejará algo que se pudo o se debió hacer, o que se ocurrió justo en el instante en que regresa la vista al lugar que fue suyo y se da cuenta que eso faltó “y era tan fácil”, pero ya lo harán otros y quizá en gran terminado.
Lo ideal sería que pudiera hacer la entrega antes de irse y no regresar después y tener que pedir permiso hasta para entrar al lugar que fue suyo; páctelo y asegúrese que así sea y se irá más tranquilo, ya sin cargas que cumplir porque ya se hicieron. Piénselo así.
No es fácil decidirlo, y para terminar, dejo dos puntos: 1.- ¿Debo anunciar que me voy a ir?, y le respondo, ¿para qué?, y 2.- Me voy a jubilar para hacer lo que tanto quise hacer, y le diré que es usted un desperdiciado, pues pasó los mejores años de su vida en esta actividad que no le gustaba, o no le llenaba. Es un criminal contra sí mismo. Ya regreso.

