“POR LA LIBRE” DEL PROFESOR IGNACIO CORTES MORALES

PERIODISTA IGNACIO CORTES MORALES>>
Por la libre 2110 del 29de julio del 2019 Por Ignacio Cortés Morales

1.- Morena ante su futuro      2.- Volantero  3.- Despierten a Guarneros    4.- El auditor

1.- Me parece que lo propio sería colocar como título “Morena ante el futuro nacional”, y no siento que se tenga esa preocupación en el citado organismo político; me queda la idea de que se piensa que la inercia hará todo para seguir en el triunfo, y así sería si de verdad se tuvieran cuadros ideológicamente preparados, pero la realidad es que se sigue ganando por votos, no por ideología, pues pasan los días y no se siente el debate político en las calles, en los barrios, en los pueblos, no hay un punto de partida que conduzca al pueblo hacia el sendero de la ideología para que, llegadas las elecciones, llegue a una para conducirse hacia la izquierda en la vida política y financiera del país; para ello es de primordial necesidad que se entienda que es la hora de cerrar filas en torno al líder para que se consoliden las reformas de justicia social, de lo contrario, en un santiamén, si vuelve al poder la derecha, todo lo que se viene avanzando será enviado al basurero.

Si hasta creo que hablo en arameo, parece que no se escucha, y si se escucha, no se le da la trascendencia que tiene el que la organización popular evite el retorno de los oscuros a la vida política, porque opacarán cualquier luz que haya alrededor, pues su interés no es el de la vida nacional, menos el de la justicia social, sino es de beneficiar a la élite, y el morenismo callado, esperando instrucciones, cuando que lo conducente es organizar al pueblo, que lo haga por sí solo, llevarlo a la civilización pasando por la civilidad para que tome conciencia de lo que está sucediendo y que no deje que estos avances que se viven en estos meses, se los arrebaten, y es lo que sucederá si el prianfifismo logra que la mayoría en el congreso se retorne, porque se convertirá en el dique para frenar todas las iniciativas sociales que quiera emprender el presidente; si así no se puede transitar a la velocidad que se requiera para abatir el neoliberalismo y sus prácticas de opresión.

Lo que está en juego en el 2021 es el futuro del país, no sé si lo entiendan los morenistas que, en no pocos casos, siguen embriagados por el triunfo del 2018, cuando que eso ya se fue, se debe dar vuelta a la página y trabajar para que en el 2021 se refrende el éxito, pero ahora con ideología progresista de los triunfadores, porque en el 2018, no todos los éxitos fueron éxitos para el pueblo, dado que, entronizados, olvidaron lo que dijeron en campaña, y ahora disfrutan de un triunfo robado, porque no es de ellos, sino de AMLO, y no están a la altura de lo que la sociedad demandó, que viniera un cambio social ahora.

Morena no tiene más que un año para trabajar en la ideología, tanto a su interior como a su exterior, y formar cuadros que respondan a las exigencias impostergables del pueblo, y no creo que lo entiendan bien, menos porque se insiste que el graquista, Javier García, puede ser el dirigente, y del otro lado, personal de Rabíndranath, pero ni el ex perredista ni el suertudo personaje, suertudo como incapaz, son la solución; sino que debe darse la tercera vía que sea nacionalista, progresista, de avanzada y que piense en conformar los cuadros con ideología progresista, nacionalista y con justicia social en bien del pueblo, y si no conducen hacia ese objetivo, el morenismo acabará por ser un partido igual a todos

2.- Aviso clasificado: “si requiere un volandero efectivo, pase a la alcaldía capitalina, tenemos un experto”. Atención personalizada, sin intermediarios, de quien sabe hacerlo.

3.- Señor Guarneros, perdón que lo inquiete de su descanso, quizá merecido, pero ya van unos 30 muertos en menos de una semana, y su trabajo consiste en evitarlo; parece que se lo dijeron antes de que se hiciera cargo de la oficina, por lo que le suplico que actúe.

4.- Que el auditor tarda en llegar porque no hay acuerdos; existen voces que hablan de que se llegó a un arreglo, con la promesa de que lo acordado llegará, sin embargo los desconfiados dijeron no, que el pago por evento es por adela, y pregunto, ¿todos van en el ajo?, ¿o sólo son algunos, y con el riesgo de que no les toque?; ¿esto de lo que se habla lo conocen todos o sólo les enjaretan la etiqueta de corruptos?; bien harían en investigar lo conducente y hasta denunciarlo para limpiar este poder de mercenarios.

Por la libre 2109 del 28de julio del 2019 Por Ignacio Cortés Morales

1.- El Olmo Seco

A un olmo viejo, hendido por el rayo/ y en su mitad podrido/

Había que seguir adelante en otro día; el clima era frío y caía una ligera llovizna para ir a tono con el circular del día rutinario, sin fuerza ni juego, de atender los asuntos de la oficina donde cada quien hacía lo suyo, con, acaso, un cruce de palabras de elemental cortesía al llegar, durante la jornada y al final, y cada quien sabía lo que dirían los otros y la respuesta de todos, pero seguían en la subsistencia constante, donde la poca charla giraba en las quejas por todo, con un desaliento que no era más contagioso que lo que ya había contagiado de estolidez consuetudinaria, pero en el que todos giraban porque no se tenía necesidad de hacer el esfuerzo por inventar una palabra, menos una frase, nunca el orden; era seguir los pasos por donde siempre, en un somnoliente destino que era de los que lo habían adoptado, es decir, de todos, de la ley del menor esfuerzo, y entre todos los que algún día soñaron que serían distintos, el más igual: Y, a quien el uniforme le iba al dedillo porque así le evitaba pensar en qué ponerse, y a su almuerzo el emparedado de jamón que nunca dejaba, ni el agua con apenas azúcar para que no le hiciera daño, pues, hasta eso, hacía tiempo que ni una enfermedad le aquejaba; hasta la enfermedad vio el hastío y no quiso formar parte de esas sombras que fingían tener una vida propia y vacía

La mañana, el mediodía, la tarde serían igual que la noche.

Y se dispuso a abandonar el lugar como lo hacía todos los días, después de guardar la carpeta que tenía abierta sobre el escritorio, y que había leído sin gran afán, sólo repasado las letras, juntando grafías y de nada servía, pues el expediente, como otros, estaba abandonado, y no había razón de prestarle tanta atención, ¿quién sabe para que la demanda si no se le seguía?, y algunos de los papeles, ni siquiera se sabía que ahí estaban, pero era la escenografía perfecta de la inoperancia, de la vacuidad que se había apoderado de cosas y personas que llegaban y se iban entre silencios y frases trilladas y que no querían saber del otro que devolvía lo propio, sin color ni aroma, eran palabras sin significado, como de otro idioma, pues a nadie le interesaba caer bien al uno ni al otro ni a nadie, pero tampoco mal; lo mejor era la nada, lo coloquial para no cuestionarse si había vida en alguno de la colectividad que era más de números que de nombres, de rayas en el agua o en el aire, que lo mismo da.

Y salió por donde mismo, tras checar la tarjeta, y caminó por el mismo lado las cinco cuadras que le separaban de las paredes ordenadas y unidas por el techo y que le eran su casa, y fue llegando poco a poco, cruzando por el baldío cercado, en el que había troncos que un día fueron árboles que se derribaron porque se pensó construir un hogar, pero en el pesar de todos, nada se hizo y las varas igual quedaron así, sin orden, sólo en el espacio que, de vez en vez, era mirado por él, pero apenas una vista volátil, sin que se diera la intención de detenerse; veía ahí como pudo hacerlo por otro lado, el otro lado en el que tampoco se ocuparía; tenía que llevar los ojos abiertos, eso es todo, no podría ir del trabajo a su casa sin ver; veía como veía todo y en nada se detenía, era el seguir para ir a ningún lado, pues no había sol ni frío, ni calor, y la lluvia de apenas, Y la ignoraba, ni siquiera le molestaba; es más, podría alguien insultarle o lanzarle la frase genial y él no se alteraría, como tampoco por nada que circulaba a su lado; es más, se sentía solo en el interior como hacia afuera y, entonces, sí, entonces, un sentimiento en sí, pero pronto recobró la calma, no era que a su edad, le llegaran los problemas existenciales; “ridículo”, lo pensó, y así como vino, se extravió, se fue entre la copa de los árboles, se escondió entre los troncos y varas podridos al paso de los años, sin que nadie le hubiese cambiado de dirección a ninguno de ellos que eran nada; nadie los había contado, ni se había preguntado nadie por qué estaban así; era el cementerio de esos árboles, era la otra oficina o la calle, era el interior de alguien o de la unidad misma, era exactamente igual.

… con las lluvias de abril y el sol de mayo/ algunas hojas verdes le han salido.

Esa tarde, Y se detuvo frente a ese baldío; se acercó con lentitud que era superior a su edad que no era tanta, una edad sin tiempo, etérea, tanto que él se llegó a preguntar si en realidad no estaba muerto ya y lo que hacía era sólo un espejismo; si él no era cualquier fantasma que se negaba a irse, que se empecinaba en no abandonar este mundo de la caverna de Platón o la vida penitenciaria de Schopenhauer, pero eran centellantes todos sus pensamientos y así se iban, en un instante, tan pronto que quizá ni siquiera vinieron.

Se detuvo y se acercó al baldío, sin saber porqué, pero había roto su rutina, aunque quizá ni de eso se había dado cuenta, y así, poniendo los dedos en el enrejado, casi quiso irse por entre los espacios dejados por el alambre, pero su rostro fue contenido, y por primera vez en mucho tiempo, tanto que no llevaba la cuenta ni se acordaba, vio con detenimiento las varas y los troncos; naturaleza muerta, que un día fue fuente de vida y revolotear de aves, ahora en el suelo, ni siquiera pasto de polillas, eran los troncos y las varas del limbo, de la existencia sin vida; eran ocupantes de un espacio, pero que ni bien ni mal hacían, estaban porque estaban, pero si no estuvieran igual sería; sería un lugar de pavimento, o la prolongación de alguna casa; sería lo que sería, que sería igual, o no ser nada, un ente de la oficina o de la calle, de los tantos que van de un lado para otro sin ir o, mejor dicho, sin saber dónde ir, para que ir, para qué apresurar el paso o darle pausa o detenerlo; el caminar, ¿caminar?, ¿detenerse?, ¿ni lo uno ni lo otro?; ir entre sofismas, en donde hasta el llanto se ha olvidado, ¿y la risa?, solamente muecas heladas; acaso la ira sería un sentimiento más optimista que esta risa que se hiela y que hiela; es la vida sin primavera, pero tampoco invierno, pues no tiene el sol ni la nieve, ni la lluvia del verano, ni la caída de las hojas del otoño, pues no hay hojas, es nada, absurdamente nada

Quizá entre esos troncos alguno pudiera, un día cualquiera, reverdecer de alguno de sus lados; alguna hojita que tímida asome a la vida, que sea vida, que sea la prueba de que la vida existe, que si la vida está, es factible reír, y es factible el amor, pero, aunque sea un ser vivo, ese tronco, no es la vida pululante, es su destino el que no se mueva, que no se vaya a otro lado, que no transite, que ahí donde quedó, ahí quedará; es su destino, pero, con todo, la vida le nació, le floreció, y fue quizá contra su voluntad, pero de entre lo podrido, una hoja se descubrió a sí misma y le dijo al tronco restante, “tú también vuelve a ser vida, que yo lo estoy siendo ahora, y aunque expuesta, a la intemperie, ante los embates del clima, del aire, del sol, de la falta de agua, o de la mano asesina que me arranque de tajo, ahora vivo, y soy única, y veo la luz, y siento, y te miro y sueño con alcanzarte, con que me acaricies y me lleves en ti, y me procures y me llenes de ti y prolongues mi vida que, en tus manos, aunque sea un instante, sería para mí eternidad”.

Mi corazón espera/ también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.

Y vuelve en sí, mira sin mirar, se echa a andar, le gana la nostalgia; X le volvió a golpear en el recuerdo, se tiene que detener de la barda, un instante, no para cobrar fuerzas, no le interesa, es para no caerse, para soportar ese instante de debilidad, de recuerdo, de ella que nunca fue ni será, que fue sólo un anhelo, un fuego diluido que en su fatuidad llegó a sentir que podría ser verdad, pero ni siquiera le habló, ni lo dijo, y al callarlo, lo callo eternamente…

Hoy, ahora, ya para qué lo recuerda, que la vida sí es al tronco y la vara, pero no para el que, como un cobarde se adueñó de su mirada, su figura, sus manos, pero ni lo uno, ni lo otro fue y menos será; porque al hacerlo tan sublime, lo robó de la realidad y no lo dijo.

Y vuelve a caminar, se detiene, quiere volver a mirar ese milagro de la primavera, y al verse a sí, siente, sabe, que no habrá milagro de la primavera…

Iluso… soñador… absurdo… inerme… fatuo… a seguir muriendo todos los días… milagro… primavera…

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