| “Por la libre 2229 del 24de noviembre del 2019 Por Ignacio Cortés Morales 13->>
r favor ven por mí Al llegar a su oficina C sintió un escalofrío nada común; le recorrió el cuerpo, tanto que tuvo que abrazarse y pedir un café, pero sabía a la perfección que no era (tan) físico el malestar, que había algo, que sabía perfectamente qué era, pero no quería reconocerlo, por lo que le pidió a su secretaria que localizara a S con premura, y ante la falta de una respuesta, exigió: “insiste, insiste, a la oficina, a su celular, urge, por favor”, y ante la insistencia al fin él respondió y le preguntó a C si sucedía algo, y ella sólo atinó a decir: “por favor, por favor, ven por mí, ven, ven, te necesitó”; tranquila, ¿qué pasa?. Por favor, tengo que salir, que esté listo el chofer, pronto. No te apures, salgo ahora, te veo. Por favor, señorita, le dijo a su secretaria, llame a la auxiliar de C y pídale que no se separe de ella hasta que llegue; pida la dirección y envíela ya, por favor es urgente. Algo pasa. “La dirección, señor, la tiene el chofer, siempre la he tenido por lo que se ofreciera, y no se apure, en este instante le llamo a la asistente de la señorita para que esté al lado de ella, y si se ofreciera, le llamaré al doctor amigo suyo para que tengan lista el servicio médico y hasta una ambulancia, ¿le parece licenciado?, dijo la diligente I, adelantando las cosas por si fueran necesarias, lo que tranquilizó a S un tanto, y salió apresurado, y, bajar, el auto ya estaba listo, y pidió que apurara la marcha, y “no se apure señor, ahora llegaremos”, y enfiló lo más rápido que se pudo, como que J conocía perfecto la ciudad. Cuando S llegó se encontró un cuadro lamentable, C como nunca, temblando, deshecha, llorosa y apenas lo vio, corrió: “no me dejes, no me dejes, llévame contigo, por favor, ahora, ahora, llévame contigo, no me dejes, no me dejes” repetía una y otra vez, por lo que S le pidió a la asistente de C que llamara a su secretaria para que ratificara que el servicio médico estuviera listo, que se iba para allá. Él la llevó a brazos, salió ya; la subió al coche y a la clínica. La asistente de C subió adelante. Aquí está mi celular, llame al doctor y pásemelo, que me diga que hacemos mientras, temo un infarto; C está fuera de sí, incontrolable. Le aflojó las prendas para que pudiera respirar con libertad. No lo puedo entender, ayer la dejé bien; ¿habrá pasado algo en su cita por la mañana?. Señorita, C tuvo una cita hoy por la mañana, ¿sabe usted con quién?. “No señor, ella es reservada y sólo da a conocer las cosas cuando están solucionadas y mientras lo mantiene en silencio. Ya sabe usted cómo es, y como sus éxitos son constantes, se le respeta todo lo que hace. Nosotras sólo recibimos instrucciones de ella y no permite las preguntas”. A llegar, ya esperaba una camilla, y el amigo de S estaba al pie, dando instrucciones; de inmediato los signos vitales, y el doctor salió a los pocos minutos, “es sólo un ataque de ansiedad, ya se le suministró un calmante, estará bien en un momento”, y S preguntó el origen del problema y el galeno respondió que “pudo ser el estrés, algún acontecimiento de último instante que fuera el detonante, un estar aguantando, aguantando, y llega el día que aparentemente por nada, estalla; en ocasiones cuando las cosas están resueltas porque viene el relajamiento; en fin, lo importante es que ya pasó. Le haremos análisis sólo por precaución, para descartar cualquier mal cardiaco, la presión, en fin, todo, ¿lo ve bien?. Además servirá para quitarle tensiones y trabajo por unos dos o tres días”. El chofer y la asistente, por instrucciones de S, fueron a ver a la mamá de C para que le llevaran al hospital. Para cuando llegara, C ya estaría en la habitación, que no fuera fuerte el impacto al verla. Que le traiga una maleta con ropa, y si la señora quiere quedarse, la habitación es amplia, y si no, doctor, mándele una enfermera permanente. Ya en la habitación, S entró y encontró a C tranquila, ¿cómo te sientes, estás ya mejor?. “Perdóname, por favor. Estoy muy apenada, pero, una cosa, ¿me amas de verdad?”, y casi volvía a la ansiedad, por lo que atajó, tomándole las manos, ¿qué pasa, por qué estás así?, ¿sucedió algo en la cita de esta mañana?. Guardó silencio reflexivo, ella sabía que sí, que algo había sucedido, pero no quería reconocerlo, “sólo apóyame”, exigió. Las lágrimas recorrieron el rostro de C, y S se apresuró a secarlas. Mi amor, sabes que te amo, que eres lo mejor y lo último que me ha pasado; tranquilízate. Ella le besó las manos, aferrándose a él cuando quiso retirarse un instante. “no, no te vayas, no ahora. Dame unos segundos, por favor, por favor”. Él acarició su cabello, su rostro. Se acercó para besarle y ella lo abrazó. “no me dejes, no me dejes, por favor, no, no te vayas, no”. ¿Qué había pasado en la cita?, ¿con quién fue?; ¿será por eso, o es sólo esa ansiedad por el estrés. S no quiso hacer más preguntas, no por ahora, pero algo reciente sucedió, claro Justo en ese momento entró la mamá de C y S la recibió. “Aquí estoy, señor, ¿está bien?”. Pase, por favor, y la señora se acercó a su hija, “¿qué te pasó?, ¿qué sucedió?, ¿estás bien?”, y ella le dijo que sí, que si por ella fuera, ya estaría de regreso en el trabajo; “eso sí que no se podrá señorita”,le dijo el doctor, quien indicó que hasta el miércoles por la tarde saldría del hospital y que debe tomarse el resto de la semana sin asistir a la labor, lo que sería hasta el lunes siguiente, “así que a tranquilizarse. Le tomarán algunas muestras y luego vendrá la hora de la comida y a relajarse, a dormir temprano y si la señora quiere quedarse, le traeremos una cama o se le enviará a su casa con una enfermera de planta”. La señora optó por quedarse, así que prepararon todo. Después de que C comió, S salió y se llevó a la señora y a la asistente de C a comer a un lugar cercano, y regresaron, él para estar un momento más. La asistente se despidió enseguida, después de llevar todas las instrucciones de ella para no perder el hilo de los acontecimientos, y pidió informe por las tardes de los puntos que había pedido, y más valía que se cumpliera, porque, de lo contrario, la ansiedad de ella crecería, por lo que, a la mañana siguiente, hablará con la asistente para hacerle algunas sugerencias que creyera pertinentes para no empeorar las cosas, porque era evidente que ella no dejaría las cosas así, sino que exigiría los resultados, y de no salir como los desea, los buscará o se angustiará, así que a primera hora se buscará la estrategia para que haya contacto y dividendos; además, así sabrá, a detalle, lo que ella hace, y eso le permitirá apoyarle y hacerle más fáciles las cosas, y se sabrá de esa cita misteriosa que se vivió esa mañana, y saber si de ahí derivó el ataque de ansiedad, lo que tenía a S preocupado, y aunque tenía sospechas de que la cita fue con su amigo, no quisiera dar ningún paso hasta no saber si fue con él o con alguien más, pues, al saberlo, se podrá atender esta situación de fondo, porque era evidente que ella quería aferrarse a él para no caer con alguien o en algo, no precisamente por un amor infinito por S, lo que él entendía a la perfección, no se le podía engañar y eso lo tenía preocupado porque, ¿y qué tal si fuera tomado como la tabla de salvación para no dejarse llevar por un sentimiento hacia otra persona?, no lo sabía, y aunque le daba miedo descubrir la verdad, sabía que era necesario; nunca iba a ser el amor fantasma; él quería ser el amor y no lo que estaba descubriendo y tenía bases y no se iba a engañar; para él la verdad es lo único en lo que pudiera sustentarse su amor Sí le dolía, pero no lo decía a nadie para no causar alguna dificultad a C en condiciones como las que se estaban viviendo, y tampoco lo decía ni lo diría a nadie, es algo que se tenía que resolver por él para que la relación continuara y tuviera un futuro sostenido. No voy a ser el amor sustituto de nadie y menos de quien sí amo con tanto ahínco, así que voy a descubrir la verdad, así me cueste quedarme en soledad el resto de mi vida. Por la noche visitó a C, no le hizo más preguntas que ¿cómo te sientes?, y es que nada de lo que está pasando se lo preguntaría en directo, lo averiguaría por otro lado, y se estaba dispuesto a pagar el precio que fuera necesario, pero no iba a aceptar nada que no fuera tenerle para sí por completo, sin compartirla con nadie, ni siquiera como aventura; ya había sufrido una situación así y fue doloroso, y no estaba dispuesto a caer en lo que ya se vivió y que le dejó un gran vacío, y la autoestima por los suelos, tanto que se alejó de esos menesteres, hasta ahora, con C; ¿acaso sólo para eso sirvo, para ser el sustituto?. Dejó a una C tranquila, otra vez en su papel, serena, tranquila, inteligente, dueña de sí, tanto que le ofreció disculpas por su comportamiento, “no sé qué decir, perdóname, fue superior a mis fuerzas, pero no volverá a suceder”, y, en respuesta un no te preocupes, llega a suceder por los acontecimientos, por la suma de ellos hasta que estalla todo y se dan situaciones como ésta, y no dijo más, no quería dar sus puntos de vista a fondo de lo que se veía con tanta evidencia, que algo había aparecido y que no le favorecía en nada. Se despidió con mucho cariño, a sugerencia de su amigo el doctor, y al día siguiente iría a ver a su amigo y le preguntaría sobre la cita y le diría todo lo que sucedió, pero él no se abriría, dejaría que el amigo le dijera todo lo que había sucedido, pero nunca le va a descubrir la relación que tiene con C, y si descubría que C y CCC son la misma persona, y si el amor de su amigo con ella había rebasado todo lo pensable, él se iría en silencio. Su amigo era un hombre con gran experiencia, con pleno conocimiento de la psicología de las personas, por algo era escritor, así que tendría que presentarse con todo el tacto del mundo para no despertar sospechas sobre la intención insistente de verse al instante. El amor de C, por él, no era firme, estaba en peligro, y él se presentaba en un sendero sin retorno; el ir a visitar a su amigo era para saber y para tomar determinaciones y, por lo visto, la noche volvía nuevamente a surcar por los cielos de su vida, y la última vez para ser feliz, era ésta y cerca del fracaso, pero no va a permitir ni un ápice de deslealtad aunque fuera indirecta. El amor es uno y es egoísta, y aunque ella lo había llamado para no dejarle escapar, eligiéndolo a él sobre el que sea, no iba a luchar, le abriría la puerta y que se vaya donde esté a gusto, así él se hunda en una depresión de la que será difícil que salga, pero no aceptaré nada que me dañe. Prefiero morir todos los días a aceptar el amor a medias; no quiero ser el amor de ella por lástima, porque llegué primero; nada; es todo o nada, y no estaba dispuesto a da dar pausa alguna, una segunda oportunidad. La suerte estaba echada y sus posibilidades de salir adelante, de seguir con C eran pocas y hasta nulas, así estuviera desfalleciente, así se muriera, total, parece que encontré este amor para perderlo enseguida, y esta vez sería para no levantarme, pero no voy a ceder; es todo para mí o nada. No cambio de pensar aunque sé que todo hace pensar que será nada, que se irá la ilusión y otra vez a la soledad de la oficina, de la casa, y, lo peor, del alma. Ahí están los riesgos de amar; el amor es tan frágil que en cualquier instante desaparece, se evapora. S lloró en silencio, como si no quiera compartir su llanto que, lo sabe, está presente, y sabe de la fecha de inicio, pero no cuándo ni cómo terminará.”. Puedes elegir si quieres agregarla a tu biografía. |
| Ignacio escribió: “Por la libre 2229 del 24de noviembre del 2019 Por Ignacio Cortés Morales 13- Por favor ven por mí Al llegar a su oficina C sintió un escalofrío nada común; le recorrió el cuerpo, tanto que tuvo que abrazarse y pedir un café, pero sabía a la perfección que no era (tan) físico el malestar, que había algo, que sabía perfectamente qué era, pero no quería reconocerlo, por lo que le pidió a su secretaria que localizara a S con premura, y ante la falta de una respuesta, exigió: “insiste, insiste, a la oficina, a su celular, urge, por favor”, y ante la insistencia al fin él respondió y le preguntó a C si sucedía algo, y ella sólo atinó a decir: “por favor, por favor, ven por mí, ven, ven, te necesitó”; tranquila, ¿qué pasa?. Por favor, tengo que salir, que esté listo el chofer, pronto. No te apures, salgo ahora, te veo. Por favor, señorita, le dijo a su secretaria, llame a la auxiliar de C y pídale que no se separe de ella hasta que llegue; pida la dirección y envíela ya, por favor es urgente. Algo pasa. “La dirección, señor, la tiene el chofer, siempre la he tenido por lo que se ofreciera, y no se apure, en este instante le llamo a la asistente de la señorita para que esté al lado de ella, y si se ofreciera, le llamaré al doctor amigo suyo para que tengan lista el servicio médico y hasta una ambulancia, ¿le parece licenciado?, dijo la diligente I, adelantando las cosas por si fueran necesarias, lo que tranquilizó a S un tanto, y salió apresurado, y, bajar, el auto ya estaba listo, y pidió que apurara la marcha, y “no se apure señor, ahora llegaremos”, y enfiló lo más rápido que se pudo, como que J conocía perfecto la ciudad. Cuando S llegó se encontró un cuadro lamentable, C como nunca, temblando, deshecha, llorosa y apenas lo vio, corrió: “no me dejes, no me dejes, llévame contigo, por favor, ahora, ahora, llévame contigo, no me dejes, no me dejes” repetía una y otra vez, por lo que S le pidió a la asistente de C que llamara a su secretaria para que ratificara que el servicio médico estuviera listo, que se iba para allá. Él la llevó a brazos, salió ya; la subió al coche y a la clínica. La asistente de C subió adelante. Aquí está mi celular, llame al doctor y pásemelo, que me diga que hacemos mientras, temo un infarto; C está fuera de sí, incontrolable. Le aflojó las prendas para que pudiera respirar con libertad. No lo puedo entender, ayer la dejé bien; ¿habrá pasado algo en su cita por la mañana?. Señorita, C tuvo una cita hoy por la mañana, ¿sabe usted con quién?. “No señor, ella es reservada y sólo da a conocer las cosas cuando están solucionadas y mientras lo mantiene en silencio. Ya sabe usted cómo es, y como sus éxitos son constantes, se le respeta todo lo que hace. Nosotras sólo recibimos instrucciones de ella y no permite las preguntas”. A llegar, ya esperaba una camilla, y el amigo de S estaba al pie, dando instrucciones; de inmediato los signos vitales, y el doctor salió a los pocos minutos, “es sólo un ataque de ansiedad, ya se le suministró un calmante, estará bien en un momento”, y S preguntó el origen del problema y el galeno respondió que “pudo ser el estrés, algún acontecimiento de último instante que fuera el detonante, un estar aguantando, aguantando, y llega el día que aparentemente por nada, estalla; en ocasiones cuando las cosas están resueltas porque viene el relajamiento; en fin, lo importante es que ya pasó. Le haremos análisis sólo por precaución, para descartar cualquier mal cardiaco, la presión, en fin, todo, ¿lo ve bien?. Además servirá para quitarle tensiones y trabajo por unos dos o tres días”. El chofer y la asistente, por instrucciones de S, fueron a ver a la mamá de C para que le llevaran al hospital. Para cuando llegara, C ya estaría en la habitación, que no fuera fuerte el impacto al verla. Que le traiga una maleta con ropa, y si la señora quiere quedarse, la habitación es amplia, y si no, doctor, mándele una enfermera permanente. Ya en la habitación, S entró y encontró a C tranquila, ¿cómo te sientes, estás ya mejor?. “Perdóname, por favor. Estoy muy apenada, pero, una cosa, ¿me amas de verdad?”, y casi volvía a la ansiedad, por lo que atajó, tomándole las manos, ¿qué pasa, por qué estás así?, ¿sucedió algo en la cita de esta mañana?. Guardó silencio reflexivo, ella sabía que sí, que algo había sucedido, pero no quería reconocerlo, “sólo apóyame”, exigió. Las lágrimas recorrieron el rostro de C, y S se apresuró a secarlas. Mi amor, sabes que te amo, que eres lo mejor y lo último que me ha pasado; tranquilízate. Ella le besó las manos, aferrándose a él cuando quiso retirarse un instante. “no, no te vayas, no ahora. Dame unos segundos, por favor, por favor”. Él acarició su cabello, su rostro. Se acercó para besarle y ella lo abrazó. “no me dejes, no me dejes, por favor, no, no te vayas, no”. ¿Qué había pasado en la cita?, ¿con quién fue?; ¿será por eso, o es sólo esa ansiedad por el estrés. S no quiso hacer más preguntas, no por ahora, pero algo reciente sucedió, claro Justo en ese momento entró la mamá de C y S la recibió. “Aquí estoy, señor, ¿está bien?”. Pase, por favor, y la señora se acercó a su hija, “¿qué te pasó?, ¿qué sucedió?, ¿estás bien?”, y ella le dijo que sí, que si por ella fuera, ya estaría de regreso en el trabajo; “eso sí que no se podrá señorita”,le dijo el doctor, quien indicó que hasta el miércoles por la tarde saldría del hospital y que debe tomarse el resto de la semana sin asistir a la labor, lo que sería hasta el lunes siguiente, “así que a tranquilizarse. Le tomarán algunas muestras y luego vendrá la hora de la comida y a relajarse, a dormir temprano y si la señora quiere quedarse, le traeremos una cama o se le enviará a su casa con una enfermera de planta”. La señora optó por quedarse, así que prepararon todo. Después de que C comió, S salió y se llevó a la señora y a la asistente de C a comer a un lugar cercano, y regresaron, él para estar un momento más. La asistente se despidió enseguida, después de llevar todas las instrucciones de ella para no perder el hilo de los acontecimientos, y pidió informe por las tardes de los puntos que había pedido, y más valía que se cumpliera, porque, de lo contrario, la ansiedad de ella crecería, por lo que, a la mañana siguiente, hablará con la asistente para hacerle algunas sugerencias que creyera pertinentes para no empeorar las cosas, porque era evidente que ella no dejaría las cosas así, sino que exigiría los resultados, y de no salir como los desea, los buscará o se angustiará, así que a primera hora se buscará la estrategia para que haya contacto y dividendos; además, así sabrá, a detalle, lo que ella hace, y eso le permitirá apoyarle y hacerle más fáciles las cosas, y se sabrá de esa cita misteriosa que se vivió esa mañana, y saber si de ahí derivó el ataque de ansiedad, lo que tenía a S preocupado, y aunque tenía sospechas de que la cita fue con su amigo, no quisiera dar ningún paso hasta no saber si fue con él o con alguien más, pues, al saberlo, se podrá atender esta situación de fondo, porque era evidente que ella quería aferrarse a él para no caer con alguien o en algo, no precisamente por un amor infinito por S, lo que él entendía a la perfección, no se le podía engañar y eso lo tenía preocupado porque, ¿y qué tal si fuera tomado como la tabla de salvación para no dejarse llevar por un sentimiento hacia otra persona?, no lo sabía, y aunque le daba miedo descubrir la verdad, sabía que era necesario; nunca iba a ser el amor fantasma; él quería ser el amor y no lo que estaba descubriendo y tenía bases y no se iba a engañar; para él la verdad es lo único en lo que pudiera sustentarse su amor Sí le dolía, pero no lo decía a nadie para no causar alguna dificultad a C en condiciones como las que se estaban viviendo, y tampoco lo decía ni lo diría a nadie, es algo que se tenía que resolver por él para que la relación continuara y tuviera un futuro sostenido. No voy a ser el amor sustituto de nadie y menos de quien sí amo con tanto ahínco, así que voy a descubrir la verdad, así me cueste quedarme en soledad el resto de mi vida. Por la noche visitó a C, no le hizo más preguntas que ¿cómo te sientes?, y es que nada de lo que está pasando se lo preguntaría en directo, lo averiguaría por otro lado, y se estaba dispuesto a pagar el precio que fuera necesario, pero no iba a aceptar nada que no fuera tenerle para sí por completo, sin compartirla con nadie, ni siquiera como aventura; ya había sufrido una situación así y fue doloroso, y no estaba dispuesto a caer en lo que ya se vivió y que le dejó un gran vacío, y la autoestima por los suelos, tanto que se alejó de esos menesteres, hasta ahora, con C; ¿acaso sólo para eso sirvo, para ser el sustituto?. Dejó a una C tranquila, otra vez en su papel, serena, tranquila, inteligente, dueña de sí, tanto que le ofreció disculpas por su comportamiento, “no sé qué decir, perdóname, fue superior a mis fuerzas, pero no volverá a suceder”, y, en respuesta un no te preocupes, llega a suceder por los acontecimientos, por la suma de ellos hasta que estalla todo y se dan situaciones como ésta, y no dijo más, no quería dar sus puntos de vista a fondo de lo que se veía con tanta evidencia, que algo había aparecido y que no le favorecía en nada. Se despidió con mucho cariño, a sugerencia de su amigo el doctor, y al día siguiente iría a ver a su amigo y le preguntaría sobre la cita y le diría todo lo que sucedió, pero él no se abriría, dejaría que el amigo le dijera todo lo que había sucedido, pero nunca le va a descubrir la relación que tiene con C, y si descubría que C y CCC son la misma persona, y si el amor de su amigo con ella había rebasado todo lo pensable, él se iría en silencio. Su amigo era un hombre con gran experiencia, con pleno conocimiento de la psicología de las personas, por algo era escritor, así que tendría que presentarse con todo el tacto del mundo para no despertar sospechas sobre la intención insistente de verse al instante. El amor de C, por él, no era firme, estaba en peligro, y él se presentaba en un sendero sin retorno; el ir a visitar a su amigo era para saber y para tomar determinaciones y, por lo visto, la noche volvía nuevamente a surcar por los cielos de su vida, y la última vez para ser feliz, era ésta y cerca del fracaso, pero no va a permitir ni un ápice de deslealtad aunque fuera indirecta. El amor es uno y es egoísta, y aunque ella lo había llamado para no dejarle escapar, eligiéndolo a él sobre el que sea, no iba a luchar, le abriría la puerta y que se vaya donde esté a gusto, así él se hunda en una depresión de la que será difícil que salga, pero no aceptaré nada que me dañe. Prefiero morir todos los días a aceptar el amor a medias; no quiero ser el amor de ella por lástima, porque llegué primero; nada; es todo o nada, y no estaba dispuesto a da dar pausa alguna, una segunda oportunidad. La suerte estaba echada y sus posibilidades de salir adelante, de seguir con C eran pocas y hasta nulas, así estuviera desfalleciente, así se muriera, total, parece que encontré este amor para perderlo enseguida, y esta vez sería para no levantarme, pero no voy a ceder; es todo para mí o nada. No cambio de pensar aunque sé que todo hace pensar que será nada, que se irá la ilusión y otra vez a la soledad de la oficina, de la casa, y, lo peor, del alma. Ahí están los riesgos de amar; el amor es tan frágil que en cualquier instante desaparece, se evapora. S lloró en silencio, como si no quiera compartir su llanto que, lo sabe, está presente, y sabe de la fecha de inicio, pero no cuándo ni cómo terminará.” |
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