PERIODISTA IGNACIO CORTES MORALES>>

Por la libre 2365 del 13de abril del 2020 Por Ignacio Cortés Morales>>
1.- Detrás de la crisis 2.- La educación a distancia 3.- Los detractores 4.- Cantú bien
1.- Y detrás de la crisis de la pandemia, en donde casi todos obedecieron y se quedaron en sus casas, mientras otros siguieron saliendo, unos por absoluta necesidad, para ir a cumplir con su trabajo, pero otros por necedad e incredulidad, con lo que retardaron los días de todos para ir a la calle, vinieron las dificultades financieras, y el trabajo de todos es lo único que salvará la situación, pero habrá los que van sólo por el salario, simples burócratas de lo que hacen, y seguirán siendo iguales, intrigosos y malagradecidos, sin hacer otra cosa que lo de siempre donde laboran; cretinos, creyendo que son los seres superiores; al final, terminarán traicionándose entre ellos. Otros buscarán lo distinto, lo diverso, la ocasión de transformar ante la enseñanza recibida, y eso ayudará a renovar al mundo, y con ello su propia labor para hacerla más humanitaria, colectiva.
Los que sólo ven crisis en la pandemia y en la situación financiera, buscarán únicamente la forma de solucionarla, pero los que tienen una visión de oportunidad para hacer todo de otra manera y de encontrar senderos que no se había explorado antes, ellos tendrán la ocasión de transformarse y de cambiar lo que está a su alrededor, así sea docente o lo que sea; igual albañil que licenciado en cualquiera de las especialidades, y es que no va la profesión, oficio u ocupación que se realiza, sino el talento para hacerlo por vereda distinta a la acostumbrada, y los que se atreven a ser distintos van a padecer, pero cierto es que serán los que encuentren lo que otros, los burócratas, los mezquinos, los dueños de la intriga y los malagradecidos, igual que los flojos, nunca vieron, aunque la ocasión pasó por sus ojos y la dejaron escapar, porque sólo los que quieren ser distintos pueden serlo, sabiendo que requiere un esfuerzo superior. Trazar caminos es difícil, pero es la oportunidad de entregar aportes para el presente y el futuro, pero no todos lo entienden.
Detrás de la pandemia, la crisis financiera, pero después vendrá un universo nuevo, pero no todos podrán entenderlo porque no estarán preparados, porque es intrínseco su mal, es su ceguera por los siglos, y sus limitaciones las que los rigen y no sus alcances que, aunque los tienen, nunca han sabido que existen, ocupados en perjudicar a los que están a su alrededor; son los mercenarios prepotentes ante todo lo que hacen los demás, pero que nadie se los diga, que nadie les cante su ignorancia porque saltarán y les brotarán las lágrimas de cocodrilo, y entonces se sabrá que nunca van a ser agentes de cambio; vivirán en la oscuridad, y con ellos no se podrá contar para transformar al país ahora que se está ante la ventana de cambios sustanciales, pues esos zopilotes serán las anclas; pero esos zopilotes, esas anclas, sí se les puede hacer a un lado, o, al menos, ignorarlos.
Así las cosas, detrás de la crisis de salud, la crisis financiera, pero después la llegada del ser distinto, enhiesto, generoso, leal, agradecido, honesto, y si no lo puede o no lo quiere ser, entonces esta enseñanza les pasará de noche, no habrá dejado nada, pues nada son.
2.- ¿Sólo mediante las redes sociales se puede emprender la educación a distancia?, ¿es lo único efectivo?, ¿y si los docentes se dan cuenta que no todos sus alumnos tienen acceso a ellas y buscan otros senderos, deben ser lapidados?; ¿sólo mediante las redes se salvará el ciclo escolar?; ¿por qué no dejan que, con el conocimiento de la realidad que guardan sus alumnos –y la propia- cada profesor implemente sus estrategias y que, al final, presente las evidencias de su labor con los saberes de los chicos?; ¿a fuerza debe ser como dice la autoridad, sobre todo ésa que tiene tres maestrías y dos doctorados?.
3.- Entiendan detractores, AMLO da muestras, de acuerdo al problema, que tiene equipo de primer nivel: Hugo López-Gatell, Marcelo Ebrard, Olga Sánchez Cordero, Rocío Nahle, Alejandra Frausto Guerrero, Arturo Herrera Gutiérrez y los otros tendrán su día.
4.- Es un hecho que el doctor Cantú, titular del sector salud en Morelos, lo está haciendo bien, pero quizá, uno o dos, ¿empiezan a cansarse?. No será fácil; en ustedes se confía
Nos escuchamos en Entérese, de lunes a viernes, de 18 a 19 horas; Radio Capital 105.3
Por la libre 2364 del 12de abril del 2020 Por Ignacio Cortés Morales
31- Disyuntiva final
C no pronunció palabra, miró al Escritor, hombre singularmente atractivo, no sólo por lo físico, sino por su alta capacidad para dominar las situaciones y salir de ellas, con esa agilidad mental que corona con su facilidad de palabra, siempre con la frase oportuna y el lance apropiado, el humor, hasta negro y ácido que se le daba, la ironía, lo sutil de la oración exacta, la que evade una pregunta o la contesta cabalmente, o cree contestarla o responde a medias o deja a la interpretación, igual del que emite, para poder rectificar, o del receptor que no queda del todo satisfecho, pero, si no quiere pasar por tonto, queda en la obligación de aceptarlo, porque así es el idioma cuando se sabe trabajar, cuando se le eslabona con precisión, La cultura es básica y no se adquiere leyendo folletos, sino los libros, y el personaje, desde luego, llevaba tantos que infinitamente saldría adelante.
La bellísima C no le quitó la vista de ese rostro de facciones finas y de ojos que, aunque vivos, si se les miraba con extremo cuidado, se advertía la tristeza, el legado de la madre cruel y del padre falto de carácter, lo que le obligó a jurar que él no sería así, que sería él quien tomara las decisiones, y lo hecho por la madre, sobrará la que lo pague, pero con ella, con C, no tenía el dominio pleno. El descubrimiento de la mañana le restó tantos puntos que podría pensarse en que todo se había perdido, y él así lo advertía; la inteligencia de su pareja era admirable y sabía que se había saldado el punto sólo en apariencia, que se tendría que hablar mucho con ella para convencerla de que él era auténtico, el autor de los tantos libros de éxito que le tenían cerca del premio Nobel de literatura, puesto que sabía perfectamente que una de las razones por las que ella estaba a su lado era por la admiración a su trabajo, y, por ahora, descubierto, todo estaba en riesgo, por lo que no se repitió la pregunta sobre si se iban, dejaría que la chica se tomara su espacio; entendía lo que estaba pasando, pero sentía que se había ganado tiempo, por lo que se esperó; la paciencia se le daba, nada tenía prisa, nada corría, menos volaba, así que unos segundos de estar no trascenderían, y el silencio se fue haciendo pesado, largo, corría lento, quizá no corría, en realidad, se estacionaba, jugaba con él, por lo que, desoyendo la experiencia, volvió a preguntar que si se iban, y el silencio prosiguió, pero ahora más pesado que antes, sobre todo porque la mirada de ella se estaba tornando retadora, firme, lo que puso a la defensiva al Escritor, ahora silente.
C, en su interior, tenía una lucha llena de dudas, pues pese a los grandes esfuerzos que hizo el Escritor para convencerla de que la señora no era más que la correctora de estilo, lo que oyó fue claro, y, efectivamente, no se superaría enseguida, tendrían que pasar los días y los años para que, al darse cuenta de la realidad, por el vivir juntos, de cuál era la verdad, pero ahora no estaba convencida, a todo ello se sumaba la carta que S le escribió en uno de los últimos días en los cuales se vieron; quizá era lo que tenía más peso en ese instante, en el de las resoluciones definitivas, en donde el futuro está en el parteaguas.
¿Qué sucedía, en realidad, en el interior de C?. Desde luego que la decepción estaba en el instante; quizá en otras condiciones la carta no haría lo que estaba logrando, pues qué es lo que podría contener que no se lo haya dicho en directo S, pero a ella, le afectó, tan fue así que no sabía si irse a recorrer el universo o dejar todo y regresar al lado de S, o tal vez nada; dejar pasar el tiempo para reorganizarse, para definir las situaciones y no ir precipitadamente a una decisión que pudiera ser perjudicial, a la larga, y no tenía más que unos segundos para decidir, y sabía que si se equivocaba iba a frustrar su futuro y quizá no hubiera regreso; era la decisión crucial, el punto sin retorno, y se alejó apenas unos pasos del Escritor, como para tener otra perspectiva de las cosas, pensando lo que le iba a decir, lo que tendría trascendencia; no habría mañana, era una decisión sin el retorno, era lanzarse sin paracaídas al vacío, y no tenía tiempo para analizar las cosas; el principio o el fin, lo que sea, pero estaba ante sí, y lo sabía C y lo intuía bien el hombre.
“Pase lo que pase, decida lo que decida, te digo que la conversación de hoy nunca la escuché; es más, nunca salí de este lugar, en donde te esperé hasta la hora de partir”, le dijo C, y el Escritor, sin perder la verticalidad, lo que le da la experiencia y el manejo de las emociones y de las situaciones, “por lo que veo no te convencieron las explicaciones que te he dado, pero no me apura, ya vivirás conmigo y ahí a tu lado, escribiré y darás cuenta de ello, y los hechos te convencerán; contigo construiré las mejores páginas que están por surgir de esta mano, y sí, si argumentas que contigo tendré el toque especial, el que me faltaba quizá para lograr la eternidad, tienes razón; tú serás mi inspiración, la mujer especial de siempre, la musa, el ama, la amante, la única; mi niña, eres el amor”, y le extendió la mano con resolución, invitándola a acercarse, a sellar el pacto, besarla y salir, subir al avión y empezar la gran aventura que cerrará con la entrega para lo eterno.
Ella sabía que si tomaba la mano sería para siempre, de parte de ella, pero no sería igual de él hacia ella.
Ahora lo dice porque está en apuros, pero las cosas serán distintas cuando se tome el mando, y eso le inquietaba también, pero estaba ante la oportunidad de poner las cosas en claro, definitivas, pero lo repensó: “en este instante él me dirá sí a todo lo que le diga; es más, hasta hará añadidos, pero no lo cumplirá, sería contra su naturaleza”
Lo miró detenidamente; era un rostro fino, apuesto, y su mirada cautivaba; ese dejo de tristeza que siempre le acompañaba, le daba el aire especial que tenía y que embelesaba a la que le veía, y C lo tenía para ella, sabía que sería difícil a la larga, pero el hecho de tenerlo ahora, conociendo su secreto, podría rendirlo si le agregaba amor y cuidado, lo que a él nadie le había dado, ni siquiera su madre; las mujeres le buscaron por su fama, el dinero, la trascendencia, pero seguramente nadie se le había brindado por amor, por lo que ella tenía ventajas ciertas sobre todo el pasado lleno de féminas de gran belleza.
C, le dijo él en un tono especial, no lo dudes, seremos felices, eres la mujer de mi vida, la que busqué tantas veces, y ella interrumpió “tú las buscaste en la cama, y la venganza fue la motivación para hacerles daño”, y el Escritor, volvió a la carga: “no es tu caso y bien lo sabes, entre tú y yo las cosas son distintas, únicas, por lo que no estás en el paquete”.
“¿Por cuánto tiempo sólo yo seré tu mujer?”, le dijo ella sin tomar la mano extendida, y él se fue adueñando de la situación, “¿mi mujer?. Mi mujer sólo tú lo serás, no tengas duda nunca de lo que te estoy diciendo; es un compromiso”, y le replicó, “¿compromiso?, es decir, ¿la relación es un compromiso?, ¿Qué no es amor, espontaneidad?”, y el Escritor se repuso: “nadie lo pudo decir mejor que tú; así es, amor, espontaneidad, para siempre”
C, no contestó, dio un par de pasos hacia él, lo volvió a ver, y el hombre advirtió que en esa mirada no se reflejaba la admiración de otras ocasiones; le tomó las manos, las puso en su pecho y la estrechó, pero ella no se recargó en él, como en otras ocasiones, por lo que le separó, le tomó el rostro, con los dedos la fue dibujando; la frente, los ojos tan hermosos se cerraron, y siguió él hacia la nariz, y en la boca se estacionó, recorrió, con suavidad y lentitud los labios, bellos, sensuales, que invitaban a besarlos hasta por puro placer físico; eran para tomarlos, para morderlos, para ir de lo suave hasta terminar por estrujarlos, comerlos, sentirlos, hacerlos propios, deslizar el amor y sentir que empiezan a pervertirse, a perder la noción del tiempo y el espacio, y a abrirse provocativos, y lo tierno de unos segundos antes se convertían en fiebre que crecía, que llenaba, y él bien lo sabía, y ella advirtió que nunca nadie le había llevado a esa sensación, y se abandonó, se dejó llevar, y se estrechó más, se le daba, y la respiración se agitó, se dejaba llevar y el abismo era el siguiente paso, y, a esas alturas, dejó C de razonar para ser sólo mujer.
Se desvanecía; en ese instante estaría dispuesta a lo que fuera; él ejercía la fascinación sobre ella, quien sucumbía ante el atractivo de él, su magia, su experiencia, su sapiencia y su fuerza varonil encantadora, y todo se presentaba para el amor, no había razón para no ser; dos adultos que se aman y en donde el deseo había llamado a la puerta; era la hora de ellos; ninguno reparaba en el lugar en donde estaban; él se separó apenas para cerrar las entradas, y cuando le vio se fue acercando, casi deslizándose, como que no se quería hacer ningún ruido, no vaya a ser que la ruptura del silencio despertara a la realidad, que el sonido pequeño timbrara y el encanto se perdiera, regresara a la realidad, por lo que fue a ella y ella esperaba, sin resistencia, era para él desde ese instante, no era necesario que se esperara más, la decisión estaba tomada, se iría con él, se olvidaría el incidente de la mañana, ya habrá tiempo para ver si era verdad o no, y vendrían los reflectores, el lujo y las fiestas, el conocer a jefes de estado, a los hombres del poder financiero y político, y ya, a esas alturas, ella no tenía voluntad para resistirse a nada, y lo disfrutaba, y lo vio venir y él dilató más el acercamiento; ahora, quien dominaba la escena, era de él, él dictaría las palabras, los hechos, la coreografía, y hasta él inventaría el tiempo y hasta los espacios.
Era su momento, ella era suya, ahí estaba, había triunfado, ya no habría obstáculos, las cosas las dominaba, las situaciones igual y, lo más importante, las emociones tan de ella
Con ella, le tomó con la suavidad debida que presagiaba la vida misma, que llamaba al amor de uno para otra y la otra para el uno, de ida y vuelta, de los dos para los dos, de la hora soñada, la que se espera tantas ocasiones y sólo algunas veces se da, y casi siempre en la espontaneidad, en lo no esperado, en la improvisación, porque así es el amor, es esta melodía que asalta cuando menos se espera, para que lleve el valor de lo único, de lo que dormido se tenía, pero existía, era el visitante que esperaba su oportunidad, y ante el sonido de lo bello, de la pasión, del fuego que estrechaba el intelecto hasta que se iba para dar paso al interior que pocas veces sale genuino, y, compartido, menos, pero era lo que los dos esperaron tantos días, y por una y otra razones no se daba, pero al fin había llegado el instante, y ella esperaba y él se quedó a unos centímetros sólo para admirarla, y sus ojos había recobrado la pasión, y se besaron, igual que al principio del encuentro, con ternura que fue perdiéndose ante la pasión al alza, y la sintió en su pecho y la atrajo más, y ella se dejó llevar, y se cerraban los espacios que quedaban, y juntos al éxtasis, a su hora, su instante, su momento, su vida para el otro, sus sueños que se dieron por separado ahora convergían, se estrechaban, la pasión de cada quien se daban a los dos, y dejaron de ser dos y sólo era uno, porque tan estrechos que no se podría decir dónde ella y dónde él, eran los dos en el infinito, y las manos del uno en ella y las de ella en él, y los dedos eran pocos para todo lo que querían comunicar, decirse con tal cuidado que sobraran las palabras, no eran necesarias, sólo los suspiros, sintiéndose al paso del tiempo para eternizarlo, para llevarlo a la historia de los dos para no olvidarlo jamás.
Subidos en la nube, en el eterno instante de emprender el viaje hacia el amor, sabían que no interrumpiría nada ni nadie; la situación era de los dos y sólo de ellos; una vez que se podría repetir mil veces, pero ésta sería la que se atesoraría para la eternidad, y se va al lugar en el que lo mejor del ser humano se da, y los besos rompían los silencios que sí eran escasos porque en este juego se dicen cosas que otras veces se callan, y el juego del amor no batalla para estar; vive ahí y no pidió permiso para estar; se dio su espacio y su tiempo para quedarse con ellos, con los dos, y manos y labios se estrecharon, y todo al fin se vivía lo que cada quien en sus respetivas habitaciones escribieron para el minuto.
El sonido de un celular se dio, una vez, y otra; y una tercera oportunidad, y el Escritor cortó la llamada, sin ver y sólo una interrupción, pero nada que no pudiera remediarse, pero en la cuarta ella le preguntó: “¿no vas a contestar?”, y él dijo que no, pero en la quinta ocasión ella tomó el celular, y “sí, ¿quién llama?. Un segundo, señorita; sí, se lo comunico. Sí, señorita, soy su asistente. Le hablan señor. La marquesa. Le cita por su nombre”, y mientras él hablaba de que se verían en Europa en dos semanas, ella se fue arreglando, acomodándose la blusa y el cabello, hasta que él terminó la conversación, y C le dijo, sin mayor emoción, “esto será lo cotidiano”, y él respondió, “perdón, debí apagarlo o darlo a mi asistente, pero, bueno, llega a darse. Tendré más cuidado”. “No te preocupes”, le dijo ella y añadió: “sí, lo entiendo, tienes admiradoras por todos lados, y a la marquesa le dijiste que irías a Europa, pero nunca que ibas con tu novia, así que para ella soy tu asistente, tu empleada; ¿así me consideras?; ¿así pensabas presentarme por allá?. Estás en tu derecho, es tu vida, así será, y los espacios que queden para los dos serán robados a tu vida social, a tus amantes, o, ¡vamos!, si yo seré sólo una más; la amante veinte; la que sea, una más, y, la verdad, no estoy dispuesta. Nunca estaré en la tesitura de ser lo suficientemente moderna como para aceptar este papel. No me interesa el casamiento; total, un papel, pero sí el compromiso y tú no podrás sustraerte a tu vida de distractores; así eres y no quiero controlarte, ni quiero sufrir, así que te ruego me disculpes; me quedo, no tiene sentido continuar esta relación que no vive más futuro que unos meses. Ahí está la marquesa que te espera y seguro que habrá más, las que ya están más las que surjan en el camino. No me duele, me molesta, y no lo voy a aguantar. Las escenas me parecen patéticas. Gracias por tu tiempo. Y no hay problema, que no oí nada, es algo que se irá conmigo a la tumba. Hasta luego.
- ¿Vas a regresar con S?.
- No lo sé. Él merece el amor, no las sobras. Primero necesito descansar y pensar las cosas con detenimiento. No se trata de saltar de un lado para el otro. El amor debe tener su importancia; no se trata de tomar sustitutos. Es el amor, es la vida.
- Te lo diré una vez. Si tú te vas, será para siempre.
- Por mí dame por borrada. Gracias por todo.

