“POR LA LIBRE” DEL PROFESOR IGNACIO CORTES MORALES

PERIODIOSTA IGNACIO CORTES MORALES>>

 “32.- Dejarlos ir Por Ignacio Cortés Morales.>>

Del martes 22 de septiembre del 2020 ¡Cuan dolorosa es la partida de un ser querido!. No se le volverá a ver, abrazar, hablar, discutir -inclusive-, pero cuando el sufrimiento es grande, cuando se va consumiendo paulatinamente y no se le puede aliviar el dolor ni mejorar su calidad de vida, cuando más son hospitales y enfermeras y doctores, que la tranquilidad del hogar, cuando su pesar es inmenso, es merecido el descanso. Nos aferrarnos a tenerle hasta el último instante, pero pensamos en nosotros, en que no nos cause pesar; necesitamos la empatía, estar en su lugar, en las tantas inyecciones, en los extremos cuidados, en el estar en la oscuridad siempre, en la dieta extrema, en no poder salir ni recibir a nadie para evitar adquirir alguna enfermedad. A nuestros seres queridos quisiéramos tenerlos siempre, y siempre sonrientes, que siempre nos recibiera con los brazos abiertos, con la alegría. La vida empieza a dejar de serlo cuando no se puede hacer ni lo elemental y es superior el sufrimiento, el dolor no se puede aliviar ni con el calmante más severo, no se puede disfrutar la comida y todo va entre las batas blancas de hospitales, con sus sábanas blancas, y muy poco de sol. La fortaleza de dejarlos descansar, de permitirles ser libres y entender que el cuerpo es lo que aprisiona el espíritu que, al no estar –el cuerpo-, sale -el espíritu- para estar en todas partes, tan cerca de nosotros como nuestro recuerdo lo traiga, como cuando lo evocamos y le pedimos consejo, y nos responde. Nadie se va del todo mientras cultivemos su presencia, pero… hay que dejarlos ir, descansar… por amor a ellos.”. Puedes elegir si quieres agregarla a tu biografía.

Nacho escribió: “32.- Dejarlos ir Por Ignacio Cortés Morales. Del martes 22 de septiembre del 2020 ¡Cuan dolorosa es la partida de un ser querido!. No se le volverá a ver, abrazar, hablar, discutir -inclusive-, pero cuando el sufrimiento es grande, cuando se va consumiendo paulatinamente y no se le puede aliviar el dolor ni mejorar su calidad de vida, cuando más son hospitales y enfermeras y doctores, que la tranquilidad del hogar, cuando su pesar es inmenso, es merecido el descanso. Nos aferrarnos a tenerle hasta el último instante, pero pensamos en nosotros, en que no nos cause pesar; necesitamos la empatía, estar en su lugar, en las tantas inyecciones, en los extremos cuidados, en el estar en la oscuridad siempre, en la dieta extrema, en no poder salir ni recibir a nadie para evitar adquirir alguna enfermedad. A nuestros seres queridos quisiéramos tenerlos siempre, y siempre sonrientes, que siempre nos recibiera con los brazos abiertos, con la alegría. La vida empieza a dejar de serlo cuando no se puede hacer ni lo elemental y es superior el sufrimiento, el dolor no se puede aliviar ni con el calmante más severo, no se puede disfrutar la comida y todo va entre las batas blancas de hospitales, con sus sábanas blancas, y muy poco de sol. La fortaleza de dejarlos descansar, de permitirles ser libres y entender que el cuerpo es lo que aprisiona el espíritu que, al no estar –el cuerpo-, sale -el espíritu- para estar en todas partes, tan cerca de nosotros como nuestro recuerdo lo traiga, como cuando lo evocamos y le pedimos consejo, y nos responde. Nadie se va del todo mientras cultivemos su presencia, pero… hay que dejarlos ir, descansar… por amor a ellos.”

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