CONFLICTOS AL INTERIOR DE LA 4T

COLUMNISTA GERARDO FERNANDEZ CASANOVA>>

CONFLICTOS AL INTERIOR DE LA 4T

Gerardo Fernández Casanova>>

Tengo muy en claro que el Presidente López Obrador es un decidido iconoclasta del neoliberalismo, no solo en su versión económica sino en toda su concepción filosófica. La Guía Ética para la Transformación es el intento de promover una nueva filosofía que restablezca una escala de valores en la que prive el ser mucho antes que el tener. No obstante el actuar del gobierno no deja de oscilar entre nodos contradictorios, no deja de ser neoliberal y no acaba de ser humanista o socialista. Es el precio a pagar por el intento -hasta ahora virtuoso- de transitar a la transformación por la vía pacífica y electoral; en la violencia armada, además de su escasa viabilidad, no tuviera cabida la voluntad democrática.

Las muy peculiares condiciones geopolíticas de México no permiten las aventuras de una democracia extrema. Vivimos una realidad capitalista y nuestra única alternativa es dotarla de humanismo y de nacionalismo. El nuevo gobierno nació al día siguiente en que el anterior firmó el nuevo tratado de libre comercio y tuvo que apechugarlo, aunque aún pudo maniobrar para mantener un grado de soberanía en materia energética; fuera de eso la opción única fue la de aprovecharlo lo mejor posible. Una aportación es valiosa: gracias al atrabiliario troglodita se tendrán que mejorar las condiciones laborales; a él le debemos el que México ya no se venda como el paraíso de la mano de obra esclava, una supuesta ventaja comparativa que produjo la enorme desigualdad prevaleciente en el país; gracias a ello se ha podido legislar en materia de democracia sindical y eliminar el candado impuesto a los niveles salariales. Pero no deja de ser un instrumento ultraneoliberal para la economía y con él habrá que lidiar y sobrevivir.

El gobierno que acaba de cumplir dos años en el ejercicio ofrece respeto a la iniciativa empresarial e intenta alentarla, pero establece

fronteras cada vez más definitorias. La cancelación de la construcción del aeropuerto en el Lago de Texcoco, justo al arranque del gobierno marcó la distancia y provocó la primera gran protesta del sector empresarial duro que interpuso más de cien amparos contra la medida, y se está construyendo el nuevo aeropuerto en Santa Lucía, conforme a la propuesta presidencial, más rápido y con ahorros superiores a los doscientos mil dólares. Ofreció no aumentar los impuestos pero prohibió las condonaciones y se aplicó a cobrar cuentas dormidas de los grandes consorcios; apretó la fiscalización para combatir con denuedo la evasión y la elusión, con lo que ha recuperado más de setecientos mil millones de pesos; hoy está embarcado en una batalla para eliminar simulaciones como las factureras fantasmas y el outsorcing. El empresariado honesto hace muecas pero lo admite, mientras los que estuvieron acostumbrados al privilegio lo combaten con toda la fuerza disponible: medios de comunicación masiva de su propiedad y partidos políticos involucrados. El Presidente ha sido congruente; no habrá aumento en los impuestos mientras los vigentes no se cobren correctamente, por lo menos en los tres primeros años de gobierno. Ahí la lleva exitosamente.

En la esfera internacional juega un papel de perfil cauteloso. No es fácil tener más de tres mil kilómetros de frontera con los Estados Unidos que, por lo mismo, son nuestra prioridad diplomática. Con diplomacia taurina ha llevado una buena relación con el gobierno de Trump (vaya que es un Miura); no obstante no se ha sumado a los corifeos anti venezolanos, rescató a Evo Morales en el golpe y se ha distanciado del gorilato de Bolsonaro. No estamos en condiciones de un protagonismo latinoamericanista, aunque lo llevamos en el corazón.

Dentro del propio gabinete del Presidente se registran las contradicciones y los conflictos, debidamente administrados por el Presidente. El extractivismo y los agronegocios se confrontan con la política ambiental; igual sucede con la política energética enfocada al

rescate de los recursos de la Nación. La política educativa titubea en la definición de su enfoque. La hacienda pública, a tono con la decisión presidencial, aprieta a una austeridad extrema y todos los demás sectores protestan.

La oposición se ha unificado para destruir el proyecto transformador. Su objetivo inmediato es tratar de triunfar en las elecciones de 2021, principalmente en Diputados para frenar la transformación. El Presidente cuenta con un amplio respaldo popular, arriba del 65%, y será difícil que logren su objetivo, aún con las pifias de MORENA. El pueblo ya sabe y no permitirá retrocesos.

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