EL SILENCIO Y LA SOLEDAD SE APODERAN DEL HOSPITAL G. PARRES


MANUEL GARCÍA Y GARCÍA>>

 

  1. Antes de Salir de Casa…>>
  2. USTED, QUÉ OPINA?>>

HOY ES VIERNES 22/ENERO/2021>>

(PARA SABADO 23)>>

 

¡QUÉ SILENCIO DIOS MÍO!

 

          Poco antes del mes de marzo del 2019, todo era abundancia de gente, carros, puestos de vendimia, vehículos transitando a cualquier hora y todo ello por la tarde, por la mana, por la noche y hasta personas en edad de indigentes buscaban refugio en los alrededores del Hospital General G. Parres de Cuernavaca. Hoy hay una soledad que espanta.

           Poco a poco la soledad se fue apoderando del rededor y patios del hospital, otrora tan concurrido por propios y extraños; por personal médico, de enfermería, de asistentes, de ambulancias, de toda clase de gente que, en muchas ocasiones abarrotaba la sala de urgencias, de mujeres embarazadas y otras ya con los niños en brazos.

             Conforme avanzaba marzo y febrero, la pandemia se iba apoderando de las salas, otrora tan concurridas; la  gente con sus familiares enfermos empezaron abarrotar el G. Parres. Personas graves, otras con pocos síntomas, otras más casi moribundas y así como entraban, también salían, pero ya en una carrosa, ya envueltos en bolsas negras selladas y muchos deudos, mucho llanto, mucho sufrimiento.

             “Entro mi familiar muy grave y me lo entregan en una bolsa, listo para ir al crematorio; jamás lo volvimos a ver”, afirman personas que estaban afuera del hospital G. Parres.

           Conforme pasa el tiempo,  a casi un año de que el coronavirus atacó a la humanidad en todo el mundo, Cuernavaca no fue la excepción y la soledad se apodera no solo del G. Parres, sino de las calles aledañas.

           Bueno, no las personas que llegaban a dormir alrededor del hospital llamados indigentes se van a parar a ese lugar por miedo a contraer el mortal y muy temido covid-19.

             La soledad se ha apoderado de muchos lugares, en especial del G. Parres, en donde, en otros tiempos había mucha gente por el lugar, así como comerciantes vendiendo tamales, tacos acorazados, refrescos, gelatinas, refrescos y toda clase de vendimia para los concurrentes al hospital, lugar a donde personal que labora en el G. Parres salían a comprar sus alimentos. Hoy, es solo soledad y mucho silencio.

             De vez en cuando se oye el alular de las sirenas de las ambulancias que llegan al lugar a entregar a enfermos de covid-19, porque el hospital desde hace tiempo se convirtió en el receptor de toda la gente contagiada.

           Y pensar que esto de la pandemia va para largo; solo Dios nos podría salvar, así como la aplicación de la vacuna para millares de ciudadanos, menos para quienes padecemos alergias y otras enfermedades crónicas; ellos o éstos deben de cuidarse por sí solas y el cuidarse constituye el no salir de casa, salir solo a lo indispensables y nada más. ¡Pobres!

           Y el silencio y la soledad  se apoderan del Hospital General G. Parres.

 

     SOY SU AMIGO MANUEL GARCIA Y GARCIA.

 

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