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- (Jueves 17/Julio/2025).>>
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- EL SUFRIMIENTO DE UNA PACIENTE POR LA VENGANZA DE MUCHOS EN EL IMSS Y EL CAPRICHO Y NEGLIGENCIA DE VARIOS ENTRE MÉDICOS Y ENFERMERAS.>>
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De repente la noche si vino encima y llegó la hora de dormir; ya dormida y en pijama, a la protagonista de esta narrativa, se le ocurrió acomodarse y voltearse y sin ningún cálculo lo hizo y sin más ni más se cayó de la cama; y cayó encima de un buró y con el filo de la punta, se golpeó el hombro. El dolor fue tan intenso que tuvieron que llevarla al Seguro Social (IMSS) de Plan de Ayala.
Estamos hablando de una mujer adulta mayor y por fortuna fue operada porque se rompió la clavícula y el médico que la operó le tuvo que poner varios clavos para que, más o menos los huesos pegaran en su lugar. Después, la dieron de alta con las recomendaciones que se les dá a los recién operados.
A los dos o tres días empezó con un dolor tan intenso, que “pensé que me iba a morir”. Era un dolor tan intenso que vivía en un grito, al grado tal que mandé llamar a mi familia para despedirme de todos, “yo por el dolor, pensé en morirme a la voz de ya!, dijo la entrevistada.
Por fortuna no me morí, pero fui a parar al Seguro Social de Plan de Ayala, en donde un médico de urgencias me vio y de plano me dijo “usted no tiene nada” y la dio de alta.
Los familiares la regresaron a su casa, pero el dolor era tan excelso, porque día y noche en un grito hasta que “alguien” la aconsejó que fuera a tomarse una placa y así lo hizo, porque la paciente decía que en cada movimiento, “se me entierra algo y me causa un dolor muy profundo”. La placa (radiografía) fue tomada urgente y finalmente se la entregaron.
Ya con la placa en las manos pudieron darse cuenta que los clavos que le habían puesto durante la operación pasada, se habían salido de su lugar y con los picos se lastimaba, porque éstos se le enterraban ya en la carne, ya en el hueso.
Nuevamente la llevaron al IMSS, donde el médico que la recibió “regañándola le dijo, >>usted nuevamente, usted ya nada tiene que hacer aquí, ya la di de alta y por lo tanto váyase a su casa”, le dijo con voz altanera.
En eso, una de sus hijas intervino y le dijo al doctor: “mi madre sigue enferme con un dolor insoportable, si usted no la atiende, voy a ir a la dirección para cusarlo”, le dijo al galeno. Éste en respuesta le contestó: hágale como quiera, la señora no tiene nada”.
“Ok, me la voy a llevar, pero antes quiero que vea esta radiografía. La mostró y el médico asombrado exclamó: “qué barbaridad, los clavos se meniaron y se salieron”. ¡Véngase mañana a las 8 para que lo operemos!, le dijo el doctor.
POR EL CAPRICHO Y LA NEGLIGENCIA Y ES AQUÍ DONDE EMPIEZA LA VENGANZA.
Al otro día, a las ocho de la mañana, la paciente se presenta y el médico que la recibe ya casi le pega: usted no tiene nada que hacer aquí, ya la di de alta, por favor váyase”. Le decía con insistencia y un familiar del paciente se le enfrentó. Ok, me la llevó, pero usted la va a atender. Y el familiar de la paciente habló por teléfono y el doctor majadero le dijo, “está bien, ahorita la suben”.
Efectivamente, la subieron a una camilla, en donde le hacían caso: pasaban enfermeras, pasaban doctores y nada; la paciente seguía con el intenso dolor y nadie le daba por lo menos una pastilla para que aminorara el dolor; ella no se podía menear, porque sentía que los clavos se le hundían en la carne, en el hueso y el grito de dolor seguía.
Así paso la primera noche, luego la segunda, luego la tercera y nadie le hacía caso; otra noche más y otra más y nada; al cabo de cinco días, una doctora, quizá se apiadó de ella y le dijo: “ya mañana la opero e inmediatamente se va a ir usted a su casa”.
Dicho echo, a la mañana siguiente la operó, los clavos de la clavícula lo saco, los enderezó o quien sabe que le hizo, pero el dolor dejo de molestarla, el dolor desapareció y efectivamente la dio de alta; la señora Adulta Mayor, sufrió la venganza de los médicos, de las enfermeras, de los enfermeros; nadie, absolutamente nadie ni el “cómodo” le pasaban. Ella por sí sola no podía, porque si se meneaba, los clavos se le enterraban como agujas en la carne viva.
Hoy en día y por ser una persona adulta mayor afirma que “ojalá nunca vuelva al Seguro Social de Plan de Ayala, en donde no hay compasión por nadie, sin insensibles al dolor ajeno, pero sobre todo, no tienen piedad de nada ni de nadie. De nada les sirve dizque mejoras.
En sus boletines informativos hablan maravillas del IMSS, pero la realidad es otra; ellos traicionan la confianza de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y de la gobernadora Margarita González Saravia quienes día a día lucha por mejorar la atención con calidad y calidez, porque ellos, los trabajadores del IMSS son simplemente inhumanos.
