ELLOS NUNCA SE VAN


GRAN REPORTAJE DEL PERIODISTA JAVIER JARAMILLO FRIKAS

RECORDANDO AL TAMBIÉN PERIODISTA MIGUEL ÁNGEL

GARCIA TAPIA, (QEPD)>>

 

Miguel, un reportero al que nunca vi sin sonreír, siempre positivo, bromista, muy buena persona, avezado y dedicado en el quehacer, es el primer caído por esta terrible enfermedad del Covid-19 que tiene asolado al mundo y que Mexico y nuestro Estado Morelos, no cuenta con las herramientas técnicas y elementales para contrarrestarlo.

 

Hijo del Maestro Alfonso Garcia Bueno, sin duda creador de una escuela periodística que fueron sus talleres y redacción del diario Avance de Morelos, desde donde surgieron muchos periodistas de trascendencia. Hijos y sobrinos de don Alfonso han estado y permanecen en la tarea cotidiana:

 

Sus hijos Miguel Ángel y José Luis —el popular Garcitapia—, sus sobrinos Alfredo Salazar Garcia, los hijos de este caballeroso compañero, Omar y Oswaldo, Manuel García y Garcia, el doctor Eduardo Sánchez Garcia, los ya trascendidos Chucho Salazar y Martín Sánchez Garcia (este colega fue el periodista de medios electrónicos más relevante de los años 80 y 90’s, desde Línea Caliente de Stereo Mundo, y muy joven arrebatado de la profesión).

 

De esa escuela surgen los inseparables José Luis y Miguel Ángel, hijos del Maestro—Maestro, y en diversos géneros caminan con firmeza los Salazar García —el padre Alfredo y sus hijos Omar y Oswaldo—,Manuel con su portal, Eduardo, además de muchísimos periodistas con escuela del Maestro Poncho, como Luis Díaz López, Efraín Ernesto Zedillo, Manuel Rendon Apresa, Pepe Peña, Pedro Ocampo Guadarrama, Jorge Frikas Lozano, Tomas Osorio Aviles, Heriberto Fuentes Mendoza y tantos que recibieron oportunidades y enseñanzas.

 

La Familia Garcia Bueno —con don Alfonso y su hermano José Antonio, en su momento corresponsal de Excélsior y buen escritor— ha dado mucho a Morelos.

 

No podría hacerse mención a La Prensa de la entidad, si no se coloca a los Garcia, ya sea Tapia, Bueno, Salazar, Sánchez, o Garcia y Garcia, en la primera línea.

 

De ahí viene Miguel Ángel Garcia Tapia, con cariño y respeto conocido por todos como “El  Chuleton”, periodista de herencia y abolengo, reportero bien hecho en redacciones recias, de aquellos como a muchos que nos toca vivir la transición a esta complicada modernización tecnológica, lejos de la pureza del linotipo, luego el offset y al final la rotativa, de las salas de redacción con cerveza y cigarrillo al lado, una torta, el gansito o los submarinos, y a veces los acorazados.

 

Decían que parecían cantinas con botana incluida. Si. De esos lugares salieron muchos periodistas talentosos, que salvaron el puente roto con “la modernidad”. Por ahí brincaron los Garcia Tapia y seguían dando el ejemplo en las redes con su “Avance de Morelos”.

 

Hoy, leo a Memo Cinta y me estremezco, luego a uno, otro, más, y digo porque no pueden irse los buenos, eso es Miguel, es bueno como persona, reportero, amigo y hermano, seguramente hijo, esposo y padre. Pero siguen las muestras de cariño a esta emblemática familia, y se disipan dudas:

 

—Miguel Ángel Garcia Tapia, el bien querido “Chuleton”, fue atrapado y perdió la pelea con un virus que nadie sabe exactamente su origen y menos su fin.

 

Y su hermano menor, Israel, lucha también contra ese maldito mal hace varios días.

¿Entonces existe? Nos ha dado en el mero corazón, porque Miguel era de los reporteros que estaban siempre al frente, recién lo vimos vía redes, en el Museo de la Ciudad, en el Congreso, justo donde “está la nota”, porque en este tiempo de pandemias estos compañeros  de a pie son algo similar o más que un corresponsal de guerra.

 

Y termino con una imagen imborrable de hace 20-25 años en la fonda de mi madre, exactamente subiendo la escalera frente a la caja, en la esquina, Miguel Ángel preparándose una enorme costilla de res, con todos sus “menjurjes” y desplegando una gran tortilla para echarse el primer bocado.

Lo dejo ahí, en el plato, para saludarnos con voz alta.

 

Lo disfrutaba, se notaba.

 

La Guera lo veía y sonreía, Miguel le regresaba esa muestra. A mi mamá le gustaba verlo comer, decía que gente como Miguel le daba razón a su negocio y a ella.

 

—“¡Mira que sabroso come..”

 

—“Si jefa, es..”

 

—“¡Ya lo se, conozco a todos mis paisanos! Es hijo de don Poncho, el del Avance de Morelos”

 

                ¡Ellos nunca se van!

Javier Jaramillo Frikas

 

 

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