PERIODISTA GERARDO FERNANDEZ CASAMOVA>>

PEMEX. PLAN DE NEGOCIOS>>
Gerardo Fernández Casanova>>
Es un proceso harto delicado el paso de un modelo neoliberal, en el que el mercado es el factor determinante, a otro en que se privilegie el bienestar del pueblo en el que el estado juega el papel de garante y promotor. El primero, en condición de moribundo, se resiste a morir y hace uso de todas sus armas para defenderse, especialmente las financieras dada su capacidad de controlarlas en un mundo sobre endeudado. Los escasos votos de los mercados pueden hacer nugatorios millones de votos de los pueblos, a base de castigarlos con la calificación del grado de inversión y las tasas de interés de las deudas. PEMEX debe dos billones de pesos, herencia maldita de los que se dedicaron a saquearla con fines de matarla; casi lo logran.
Es por esta nefasta condición que la empresa soporte de la soberanía nacional se vea obligada a someter a la aprobación de bolsas y calificadoras su “plan de negocios”, y convencer para que no se vea afectada por el costo de su deuda. Abrigo muy pocas esperanzas de que el proyecto de recuperación de la principal empresa de los mexicanos reciba el beneplácito de quienes anatematizan a las empresas del estado por dogma. Es pedirle peras al olmo.
Para los sacerdotes del dios mercado, la producción energética opera en un mercado libre, gracias sean dadas al ínclito Enrique Peña Nieto y su purísima concepción energética. En tal virtud, la disposición de recursos fiscales para su saneamiento es un pecado monopólico que coloca en desventaja a sus competidores. Ajá y qué quieren, ¿Qué México renuncie a su soberanía? ¿Qué les sigamos regalando los recursos del país? ¡De ninguna manera! No lo vamos a permitir.
Este es el meollo del asunto: PEMEX; muerto para la derecha empresarial o recuperado y fuerte para la mayoría de los mexicanos.
Es el proyecto de la regeneración nacional o, de lo contrario, su fatalidad como colonia del imperio. El plan de negocios, para nosotros, significa la forma de lograr la recuperación de la producción y de su capacidad de reducir su endeudamiento; para los tecnócratas tendría que ser la de cómo acabar de desmantelarla y sacarla del mercado.
Las redes sociales dan cuenta del alud de propuestas de aportación popular para, mediante contribuciones voluntarias, apoyar al Presidente López Obrador en la magna obra del rescate. Desde luego no sería la solución, pero sería el equivalente a una consulta para medir la riqueza de la voluntad popular, como para que le vayan midiendo el agua a los camotes y sepan de qué estamos hechos y hasta dónde estamos dispuestos a defender a México. Habrá que pensarlo con detenimiento; la gente está muy escasa de recursos y una baja respuesta sería catastrófica.
Regresando al famoso plan de negocios, los lineamientos son los acertados: aumentar de manera acelerada la exploración y la explotación, en aguas someras y en tierra firme, para superar los dos millones de barriles diarios; aumentar la capacidad de refinación de las actuales refinerías y construir la nueva de Dos Bocas; recuperar la mayor cantidad posible de gas asociado; realizar las obras con personal de la empresa y con ingeniería mexicana, así como asegurar el mayor contenido nacional posible, para ser inductor eficaz de la inversión privada.
Aquí aplica el carácter de taumaturgo de Andrés Manuel, que se ha reunido con los trabajadores, sin presencia de los líderes corruptos del sindicato, y los ha emocionado e imbuido de patriotismo. El trabajador petrolero es de cepa familiar; traen el petróleo en la sangre y son los que de mayor manera han sufrido por la forma en que se ha dañado a su empresa, la que nacionalizaron sus abuelos y desarrollaron sus padres. Pronto y sin sobresaltos harán la depuración
de su sindicato y serán garantía del oportuno cumplimiento de los proyectos. Han sido y volverán a ser los héroes que la Patria reclama con urgencia. Estoy seguro de su cabal respuesta.
Así es que tendremos que aguantar la batalla de medios y capitostes privados que no cejarán en su ataque al nuevo régimen. Hay que cerrar filas, y saber diferir la respuesta a otras provocaciones, incluidas las del blondo troglodita.

