PERIODISTA IGNACIO CORTES MORALES>>

Por la libre 2352 del 30 de marzo del 2020 Por Ignacio Cortés Morales>>
1.- ¿Es necesario el toque de queda? 2.- Tricolores 3.- Morenistas 4.- Tiempo completo>>
1.- No cabe duda que la derecha insiste en creer que la sociedad es menor de edad y que sólo es capaz de reaccionar ante la orden y no por convencimiento, ante la urgencia que se está viviendo por la pandemia; resaltándose pedido del gobierno de manera enérgica, y se acota, “como debió ser desde un principio”, que se cumplan con recomendaciones, para evitar que se propague el mal. Siempre fue así; no lo quiso oír la derecha tramposa.
Los que actúan con responsabilidad, obedecieron y se quedaron a disfrutar del hogar, la lectura, la escritura y la música; no sé si haya mejores vacaciones que ésas, y casi sin costo extra. Otros, siendo igual de responsables, tuvieron que seguir con el trajín del trabajo para llevar alimento a casa. Ninguno de ellos necesita de toques de queda u otra medida de coerción. Los responsables se quedan en casa si no tienen nada qué hacer fuera o salen de ella para traer el sustento, atendiendo en los dos casos, las indicaciones.
La sociedad, para aquéllos que directa o indirectamente exigen el toque de queda, toda la fuerza del estado, ¿y para qué?, para acusarlo de represor. Así son los personeros de la derecha, si el estado actúa es fatal, y si no lo hace, es peor, y no tienen remedio, y es la acción del pueblo la única con la fuerza suficiente para contrarrestar esta plaga de personajes cazagazapos del gobierno; izquierdistas que le hacen la tarea a la derecha, sin darse cuenta, los ingenuos, y los perversos, a propósito, por ese carácter acomodaticio a las circunstancias personales y no al colectivo, no al servicio social, porque, se los dejo de tarea, ¿alguna vez, a conciencia y en situaciones adversas, han estado del lado social?
La sociedad responsable, cuyo número es mayor al que los acomodaticios desquiciantes quisieran, no se confinará si requiere salir para llevar qué comer a casa, y la otra, la que cuenta con el salario seguro, disfrutará del hogar con las personas que más quiere, lo que es un privilegio que no todos pueden darse, y que pudiera ser más el número de los que podrían estar en casa si el prianperredismofifí hubiera hecho un buen gobierno, hubiera sido justo en el trato para con los trabajadores, pero no lo fue, privilegió a sus amigos, oficializó la corrupción, en unas cuantas palabras, empañó el espejo y critica al actual régimen por lo que ese grupúsculo de sátrapas labró al transcurrir de los años con acelerada intensidad, sin embargo, pese a sus provocaciones, el gobierno actual no caerá
Es de desearse que la sociedad se rija por sí misma, sobre sus necesidades de sobrevivencia para que no se ocasione un colapso en las áreas del servicio de la salud, para que, de haber contagios, sea en un periodo alargado para que, los que requieran hospitalización, sean atendidos con suficientes aparatos, de acuerdo a la gravedad del caso, y para ello es indispensable la solidaridad social, por conciencia; que sea intrínseca, que fluya del interior y no por orden de la autoridad, y, si así es, se asistirá al nacimiento de un nuevo país, a la cuarta transformación que es de conciencia, y de ahí se tendrá el surgimiento de una economía con justicia; así de fácil y de sencillo.
2.- Y los tricolores ¿dónde están?, ¿sólo prestos para supervisar si el dinero se emplea con toda corrección ante la contingencia, pero sin aportar un peso de sus prerrogativas?.
3.- Los morenistas están ante la gran oportunidad de tener elecciones transparentes y ser los que gobiernen, al menos hasta el 36, pero se requerirá de un espíritu generoso, vivo, activo, con altura de miras, democrático y que confluya en un pensamiento único, que sea por el bien del país, porque no puede pasar nada peor que el retorno de la derecha. 4.- En el caso de tiempo completo se trabaja a marchas forzadas para salir delante de los compromisos financieros, en una labor que es encomiable, por ello ese departamento es de excepción en el Iebem, contrario a lo que sucede en primarias, y así será hasta que se le den las gracias a Chabelo Téllez. Belem Montes de Oca sigue la línea de resultados, lo que se esperaba, puesto que es una profesional desde su inicio en la docencia; así será
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Por la libre 2351 del 29 de marzo del 2020 Por Ignacio Cortés Morales
30- ¿Renunciar al amor?
Petrificada, sin saber qué hacer, la señorita C no movió ni los pensamientos, nada se dijo ante lo que escuchó, ni siquiera pensó en alejarse para no ser descubierta; se quedó ida; lo que oyó la paralizó, la dejó en el limbo, en la nada, en lo etéreo. Todo se hubiera esperado, el encontrarlo en brazos de una amante, anterior o nueva, pero jamás dudó de su genio, de su talento, de su capacidad para escribir tantos y tan bien elaborados textos que le tenían, desde hace tiempo, en la puerta del premio Nóbel, y, así, de pronto, aquel ilustre personaje, al que se le creía distinto, un gigante entre los talentosos, el merecedor de elogios estruendosos, el que tenía la admiración del mundo, se esfumó, no es, no existe, y, en su lugar, un farsante, un gesticulador, un defraudador, y más, ni siquiera es agradecido con quien le llevó a la fama y que, pudiendo denunciarlo ante el universo, guardó silencio y sigue haciéndolo por unos cuantos pesos sacados de miles que le corresponderían si ella escribiera los textos directamente, pero no, se conformó con estar detrás del telón, entre la pobreza y el anonimato, sin reconocimiento alguno.
Siguió en sus pensamientos, en la decepción; el golpe fue severo, le dejaron una realidad que le punzaba; se sentía culpable por ser parte de esa secta que le idealizaba y había contribuido a que lo mismo hiciera el mundo de los libros; sentía un vacío sin la respuesta de nada, y se vivió engañada, como engañado el universo que tenía al Escritor en un lugar que no le correspondía, que lo había usurpado en base a mentiras, a una vida que no era de él, sino de ella, la que le corregía los textos, mejor, la que los rehacía, la que tenía el talento que él había perdido o que, quizá, nunca tuvo o era sólo de medianía
Los pensamientos de C fueron interrumpidos cuando él apareció, todavía molesto por la escena con su correctora, como la llamaba, pero que, en realidad, le rehacía las obras y las dejaba dignas de su fama, y al ver a C, en su estado, no necesitó tanto para entender lo que ella sabía; sin duda que lo había escuchado todo, porque cuando lo vio le lanzó la mirada de ráfaga de metralleta, queriendo acabárselo en un instante, y como era tanto lo que le quería decir que enmudeció y en lugar de lanzarse con rabia a darle una bofetada, se le quedó viendo y los ojos se le llenaron de lágrimas y el llanto fue silencioso, sin que le dejara de mirar, y se fue incorporando con lentitud, impulsada por la decepción que le causó el descubrir la verdad, y fue caminando hacia él paso a paso, y con tal actitud que él reculó ligeramente, hasta darse cuenta de que se estaba derrumbando; no se lo podía permitir y volvió a su firmeza, pero C no modificó su sentir, se le encaró, le levantó la mano, pero antes de que la estrellara en el rostro, la bajó suavemente, sin dejarlo de ver en su dolor; las lágrimas le bañaban el rostro, y así se sostuvo un instante, con peguntas que quiso hacer, pero su fuerza interior lo impidió, y sin dejar de verlo, dio un paso de costando a la derecha y caminó dos pasos cuando fue alcanzada por el Escritor, quien quiso detenerla, explicarle, pero ella, por lo bajo le miró, obligándolo a que le quitara la mano de su hombro derecho y ella empezó a caminar de espaldas y dando el giro, aceleró el paso, hasta que fue alcanzada por él que la estrechó y ella se desvaneció. Fue llevada por él, pese a que el ayudante quiso intervenir, pero el “¡déjame!” de él lo evitó.
Entraron al privado y se llamó al doctor que siempre llevaba en los viajes, la auscultó y se hizo un silencio, grave, pesado, inmenso, lleno de zozobra sobre lo que estaba sucediendo. Ninguno de los presentes hizo preguntas, en el ambiente había tensión, por lo que nadie habló por temor a una reacción virulenta de El Escritor. Todos se miraban y con los ojos el intento de comunicarse, pero fue inútil y esperaron en tiempo prudente.
El doctor siguió en su labor, “señorita, ayúdeme, quítele todo lo que le liga; salgan”, ordenó. El Escritor quiso quedarse y al verlo, “¡también usted, salga!… Por favor, señor.
Se quedaron el galeno, la ayudante y C, quien lentamente empezó a reaccionar; despertó a la realidad. Fue recordando cada palabra de la conversación escuchada recién; le dolió
Volvió a la realidad, no era una pesadilla, era la realidad. El mundo se le vino encima en un instante; quiso incorporarse pero el doctor no la dejó, le pidió tranquilidad, que se serenara, y se derrumbó ya, se abandonó por completo; ya no quiso ser la mujer fuerte de siempre, sino que se abandonó; empezó a llorar. “Vamos, llore, llore fuerte, desahóguese. No se quede con nada, no se haga más daño. Lo que haya sido, sáquelo”.
El llanto se fue apagando y unos toquidos leves en la puerta volvieron a la realidad de un Escritor que quería saber lo que estaba pasando y pedía permiso para entrar y el doctor solicitó unos minutos: “la señorita ya recuperó el sentido, un momento, aguarde”.
C se incorporó, primero con dificultad, pero pronto volvió a ser la misma mujer fuerte de todos conocida. Se arregló rápidamente y pidió que le permitieran entrar al Escritor y que los dejaran solos. Uno a uno fueron saliendo hasta quedar sólo los dos para dar explicaciones sobre lo que había pasado apenas hace unos minutos y que dio un giro de 180 grados de una realidad a otra; la mentira se descubrió y de manera brutal.
Atrás quedó la realidad fingida, para dejar el paso libre a la verdad, a una actualización de los acontecimientos, del sueño que se diluyó. Al final, ello lo miraba con claridad, todo fue un sueño, una quimera, un espejismo. Nada tenía sustento y era una verdadera pena, una vergüenza, y le provocó un gran vacío, un dolor que le agobiaba, que le asfixiaba, le cortaba la respiración, pero fue volviéndose al tiempo re recuperaba el aplomo… Al menos así lo pensaba. De entrada así fue, firme en la presencia, firme en la voz. C estaba de regreso, volvía la fuerza, la brillantez en los ojos. Quizá hasta se sintió aliviada. Las cosas pasan por algo, pensó, y eso le dio más ánimo para ser la primera que iniciara el habla. Ni siquiera pensó en pelear, no quiso nada. Es más, se podría decir que lo que quería era abandonar la estancia y salir al aire, a la luz natural, a la calle, a sentirse nuevamente ella y retomar una vida al lado de su madre y a su trabajo.
Miró al Escritor, ya no con fiereza, si no como dios mira a las liebres, sí como quien quiere darle vuelta a la página cuanto antes, harta, cansada de una mentira que, le parecía, la llevaba desde hace mucho tiempo aunque apenas era de unos minutos al momento que vivía. Otro recorrido, sin ofensa, sin rencor, sin decepción, sin nada… sin nada. No tuvo la necesidad de acomodar la voz para dar el tono deseado, simplemente la dejó emitir; era igual, cualquiera, ya no tenía importancia sustantiva para ella… Nada…
- No quiero que expliques nada, lo entiendo perfectamente; es más, no escuché nada. Sólo dame unos minutos para que me recupere totalmente y me voy. El equipaje lo envías después con un propio a la dirección que te mandaré, porque quizá vaya con mi madre; tal vez no; ahora no sé dónde estaré. Perdóname pero sí, quiero irme cuanto antes, ya no puedo estar aquí; siento un gran pesar., un ahogo, una decepción muy profunda e irreversible, y es tanto que no siento nada.
Hombre de mundo al fin, recordó que quien quiere matar a alguien, saca la pistola y dispara, no lanza un discurso, ni siquiera una amenaza, simplemente jala del gatillo y todo se acaba. Es la misma situación con la señorita; enseguida se dio cuenta que, a medida que C hablaba, se sentía su pesar, desde luego, pero no quería irse. Si así fuera, ni siquiera le hubiera dicho nada; menos tantas palabras, y menos un “dame unos minutos”. ¿Cuántos, diez, veinte, una hora?. Quizá el Escritor no tenía todo el talento, pero sí sentido común, experiencia y gran conocimiento de la psicología femenina. No sólo contaban las palabras, sino cómo se decían una a una, la intensidad, el ritmo, el sentido y, sobre todo, lo que no se decía… pero se gritaba, y es lo que él captó y atendió
- ¿Por qué no me dices lo que oíste y yo te explico lo que quieras?. Si no es tan grave. Todo tiene una explicación. ¡Vamos, pregunta!.
- No es necesario, lo que escuché es contundente. No ceo que sea necesaria ninguna explicación, lo que ahí se dijo dibuja la realidad y te dibuja a ti, aunque, más bien podría decir, más propio, que te desdibujó a ti, te mostró tal cual eres.
- ¿Y cómo soy, según tú?; ¿por qué no me dices qué escuchaste?. Estoy seguro de que podré explicarlo, y te convencerás de que hay razones siempre, sobre todo cuanto se malinterpreta lo que se escucha. Cuando no oyes todo se corre el riesgo de entender lo que no es. Quizá sólo oíste una parte de la conversación, eso le deja fuera de contexto y ya me estás acusando. Por eso te pido que me digas. Estoy cierto de que sabré explicarlo tanto que todo volverá a ser como antes entre tú y yo.
A estas alturas, ya el Escritor estaba en su actitud de siempre, seguro y hasta soberbio, sin permitir que se le ganara una batalla, siempre dispuesto a triunfar y para ello estaba preparado, con la respuesta indicada, con la actitud ecuánime, con la facilidad de palabra que le caracterizaba para triunfar siempre, así sea en las peores luchas, en las más perdidas, porque la vida había sido dura con él y ello le dio la posibilidad de rehacerse pronto. En su mundo las debilidades no eran personales, en su universo el que dudaba era lanzado a los leones, desterrado. Para pertenecer a su mundo se debían tener todas las respuestas, todos los ases, ser un triunfador, un hombre capaz de aparecer como un santo, siendo un demonio. El mundo es de los audaces, de los fuertes, de los grandes, de los que si se caen, se levantan al instante y a seguir en la pelea para no ser descartado del círculo perverso al que pertenecía, porque no sólo los demás eran de lo peor, él era igual. Como todos, tenía mucho escondido en el clóset, y todos lo sabían o lo intuían, y permitían que así fuera para tener la forma de defenderse de otros.
Se encaminó a una pequeña cantina, puso hielo al vaso y se sirvió whisky. Dio un pequeño trago y recorrió a C que, pese a su desmayo de hacía unos minutos, se veía regia, soberbia, hermosa, y no la iba a dejar irse así, sin buscar convencerla de irse juntos a Europa.
Aguardó con paciencia la respuesta. Le dio otro trago y le preguntó con los ojos, la actitud. Sabía que si presionaba, ganaría, pero tenía que hacerlo con gran cuidado, si se precipitaba, perdería. Estaba ante una mujer inteligente. Le llevaba mil años luz en experiencia, en edad, pero ella era una mujer con conocimientos y estaba herida; eso le hacía susceptible y receptora a los malos tonos y peores palabras, por lo que aguardó hasta que ella empezó a hablar; más bien, a dejar caer las palabras porque sí; así era.
- Que tus textos no son tuyos, que esa señora te los rehace y que cada vez le cuesta más trabajo corregislos, que vas perdiendo el talento, si es que alguna vez lo tuviste, de acuerdo a lo que escuché en la conversación, casi al final.
- Ves. No oíste el inicio de la plática y así no se puede tener un juicio sobre lo que escuchaste y me gustaría que lo entendieras en su justa dimensión para que no haya malos entendidos. Pero ven, acércate, te voy a dar las explicaciones que sean necesarias. No pasa nada, todo tiene una razón, un por qué y te lo diré.
- ¿Y bien?. Estoy esperando las respuestas que dices que tienes.
- Ella me corrige. Todos los escritores tenemos a alguien que revisa los trabajos, que los ve con otros ojos, hace observaciones, las pone a consideración y yo decido si lo incorporo al texto o no. Algunas veces lo hago, otras no, así de simple, no tiene mucho de extraño ni se requiere de tantas explicaciones que enredan. La verdad es que sí, pongo mis textos para que sean observados, pero la idea es mía, lo que escribo es mío, y sólo es cuestión de alguna frase que le falta y que hace más espectacular lo que quiero escribir, pero de eso a que rehaga las cosas, dista mucho. Lo que pasa es que habla de más. Toma mucho y hasta se droga, eso le hace decir tonterías. Es larga para hablar, presume lo que no es. Si tuviera el talento que dice, ¿no hubiera hecho ella sus propios libros?. Piénsalo.
- Sentí que decía la verdad, y hasta le sentí soberbia, segura, pagada de sí en todo.
- Sí, es una soberbia, ya estoy pensando en despedirla, buscar otra correctora para mis obras, pero lo hace bien, trabaja con limpieza y muy rápido, que es lo que requiero. Le doy trabajo, le pego bien. Se lo gasta pronto, es una dipsómana, no puede dejar de tomar y de drogarse, por lo que, si le ayudo, pronto se acaba el dinero que se le paga por su labor que, como te digo, es excelente. Lo reconozco
- No me convences. Siento que ella es más. Te hace el trabajo.
- ¿Por qué no se lo preguntas tú directamente?. Debe estar afuera. Cuando te desmayaste pensé que la iba a necesitar y la mandé traer. Permíteme, deja llamarla. Siéntate y en cuanto entre se lo preguntas.
El Escritor salió, buscó. Un ayudante se acercó para decirle que la correctora estaba a la vuelta y que se encontraba dispuesta a cooperar, “no fue difícil. Un poco de dinero y ya sabe. Permítame”. El ayudante fue en busca de la mujer y cuando estaba a unos metros le dijo: “no quiero fallas. Sabes lo que tienes que decir”, y ella sólo hizo un mohín, sabía de qué se trataba y tenía el dinero en la bolsa. “Te doy el doble si todo sale bien”. Entraron los dos y él dijo
- Aquí está la correctora, pregunta lo que quieras saber.
- Oí cuando le decía que le rehacía los libros, que ya se le había perdido el talento al Escritor.
- ¿Eso dije?. Hocicona que es una. No se apure señorita. Vea, estoy borracha. Por eso lo dije. Este señor, señorita, es un genio. Todo lo que escribe es excelente. ¿Por qué no mandas por el libro?. ¡Vamos, hazlo!. Que se dé cuenta la hermosa señorita que apenas sí le metí pluma en uno o dos situaciones, pero todo lo demás estaba perfecto.
- Permítanme, voy por el libro para que lo veas y te des cuenta que el talento es mío, las correcciones…
- Y pocas…
- Son de ella y ya veré si las acepto.
- Al salir el escritor, C se acercó para exigirle
- Dígame la verdad, por favor.
- Vamos, niña, no quiera averiguar nada. ¿Qué sentido tiene?. Deje las cosas como están.
- Reconoce que usted rehace las obras del Escritor.
- No ponga en mi boca palabras que no dije. Lo cierto es que no le veo sentido a esto. Es su novio, está cerca de lograr el premio Nóbel. Disfrute de la vida. Váyase a Europa, asista a las reuniones. Déjese de tonterías. Quien busca, encuentra. ¿Qué quiere encontrar?.
- La verdad, sólo la verdad
- No sea niña, no se enrede en ninguna bandera. No es necesario. Si lo hace va a salir lastimada: Si es lo que quiere, adelante. No se lo aconsejo. La vida es más que la verdad. No todo es cierto, pero tampoco todo es una mentira. Es la relatividad de las cosas, de las palabras. Si le damos demasiada importancia, termina por comernos, nos deja angustiadas. La vida es vino, no depender de nadie. Hacer las cosas y tener lo suficiente para invernar una temporada, llenar el refrigerador de cervezas, de comida rápida y tirarse en la alfombra. Qué más se puede pedir. Hace tiempo que dejé de dividir el mundo en verdad y mentira; el que más dice la verdad miente y el mentiroso contumaz termina por decir la verdad alguna vez. Déjese de cosas y aventúrese. No se va a arrepentir, se lo aseguro. Conozco al Escritor desde hace mucho tiempo y creo que sí está enamorado de usted, a su modo, pero sí que lo está. Vea, me hizo venir. Fuera otra ya la hubiera corrido a patadas. A usted busca convencerla y la convencerá. No se resista, no gana nada. En el hipotético caso de que la información que tiene, fuera verdad, ¿qué va a decir?. Que el Escritor no es quien hace los libros. Nadie le va a creer, se dirá que es una sensacionalista. Un día me llamarán y yo diré la verdad, que él es el talentoso. No busque nada. Nadie es original al cien por ciento; alguna vez un acento un error de sintaxis que se tiene que corregir.
- A usted le pagaron para venir a convencerme. Oí claramente lo que usted le dijo.
- Oyó lo que quiso oír. Mire, al final del cuento no importa quién hizo la obra, lo importante es que ahí está para que la humanidad lo disfrute. ¿No se dice que a William Shakespeare le hicieron las obras, otros dicen que es un seudónimo, otros que nunca existió?. Qué importa, ahí están los textos para admirarlos. Vamos, señorita C. Es usted muy afortunada. El dinero, la fama están a sus pies.
- Yo quiero el amor.
- ¿El amor?. A veces se da, pero es tan efímero que pienso que no existe. Es una sensación que hasta estorba, genera angustia, desasosiego, malestar. Genera el deseo de poseer, de que la persona esté con nosotros, le coarta su libertad, no le permite desenvolverse. Es terrible. La vida es para disfrutarse. ¿Quién se está fijando en el amor?. Y amor, sí, si quiere, pero a lo práctico. No quiero decir que usted sea una interesada, no lo sea, no le queda, pero no tan sentimental. Déjese de cosas y váyase con el Escritor. Él está ilusionado, la ama…
- A su manera
- Es la única manera que él sabe de amar.
- ¿Usted anduvo con él?.
- No diga barbaridades. La pobreza no es bonita, está llena de necesidades.
- Yo también soy pobre
- Es usted hermosa, inteligente, culta y, sobre todo, firme. Me cae usted muy bien.
- Lo mismo digo. Es usted una gran persona.
- ¿Usted le rehace las obras?.
- Yo soy su empleada, una más de las tantas que tiene.
- ¿Estuvo usted enamorada de él?
- Como dicen en mi pueblo, ¿con qué herramienta?. No soy agraciada, no visto bien. Tengo mi cultura y ya. Usted, en cambio, es hermosa.
El escritor entró en ese momento, con el mismo paso de siempre, seguro, triunfal y le dio el texto a C, quien ni lo abrió, le dijo que no tenía importancia, que dejara las cosas como están y se despidió de la correctora.
- Querida, no olvide lo que platicamos. Tiene usted la vida por delante.
La correctora salió y C se dirigió hacia el Escritor.
- Dime que las obras son tuyas. Mejor, dime que me amas, que lo nuestro será para siempre.
- Te juro por la luna que así será
- Como en Shakespeare te diré que no jures por la luna, la inconstante…
- Déjate de cosas y vámonos. Está todo listo. Europa nos espera.
El Escritor abrió la puerta y dio instrucciones precisas. “Tú entregas esta misma tarde la obra a la editorial de la señorita C para que se publique cuanto antes. Te lo prometí, hermosa, todas mis obras con tu editorial”, y al piloto le preguntó si estaba listo todo y la respuesta fue afirmativa, por lo que el doctor, la azafata y los dos ayudantes del Escritor se declararon listos y le preguntó a C si también lo estaba. Ella le pidió unos segundos, “por favor. Permíteme. Voy al tocador”.
Ahí quiso pulir el maquillaje, apenas un poco, pensó. Abrió su bolso, y en un descuido lo tiró. Por el suelo cayeron sus pertenencias. Las tomó y se topó con la carta que S le escribió y se la dio en una de las últimas veces que se vieron. La desplegó, empezó a leerla. Apenas tres líneas, quizá cuatro o cinco y la estrujó.
“No me puedes hacer esto; por favor no, no ahorita”, pensó. Se miró en el espejo. Abrió la puerta y ahí estaba el Escritor. Caminó hacia él.
- ¿Nos vamos?, preguntó el escritor, y como respuesta, C no supo qué decir…
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Por la libre 2350 del 28 de marzo del 2020 Por Ignacio Cortés Morales
1.- Autoridad sí, autoritarismo jamás 2.- Crímenes 3.- Cuba-Italia 4.- Villalobos-Casas
1.- La autoridad siempre será bienvenida, es la que regula, la que dicta, la que orienta, la que organiza, la que llega al punto medio y actúa con justicia, la que no impone, pero no puede vacilar, la que tiene el panorama completo y la que piensa en lo colectivo por encima de lo particular, la que elige entre dos males, el menor, y la que ve el mejor de los bienes para el mayor número, y pasar sobre cualquiera de estas premisas lleva, desde luego, al autoritarismo, sobre todo en épocas de contingencia, en donde la exigencia de las acciones inmediatas, puede ocasionar que quien lleve el poder desemboque en el verticalismo y no en decisiones democráticas y horizontales, de sentido común, donde se escuche a todos, pero, sobre todo, a las razones, a los argumentos sólidos de los más.
Existen áreas que, ante la contingencia del coronavirus tendrán que seguir en el trajín, como las médicas, pero no todo el personal, habrá algunos que no sean necesarios, o tal vez no se les requiera todos los días o no todo el horario. Permitir que no estén dejará constancia de que la autoridad no colinda con el autoritarismo, sino con la razón y la capacidad de entender el origen de las cosas y tener el talento para ser preciso.
No causar malestar entre los que están bajo sus indicaciones, es vital; no debe ordenarse ir a trabajar si su servicio no se requiere; generalizar es forma de autoritarismo; la mejor orden es la necesaria, la que se reduce al mínimo, la indispensable, la irreductible, y hacerlo ver es lo conducente; los faltos de razón sólo ordenan y basta.
Espero que se entienda; lo ideal sería que nadie saliera a la calle, que se pudiera estar en el hogar, pero es imposible, ¿quién manejará el servicio de limpia y quién el de agua?; los doctores y las enfermeras, los que atienden las farmacias, los que tienen que abrir la tienda de la esquina, los que van por los víveres, y en el sistema de justicia, los que deben atender los tiempos legales, los que pagan pensiones o sueldos, y, sobre todo, los que se ganan la vida al día. La inmensa mayoría no tiene sueldo seguro, no recibirá su salario sin desplazarse; otros sólo tienen que ir al cajero para recibir dinero. En otro lado de la moneda están los meseros, los que atienden las gasolineras, los del comercio ambulante, las que hacen el aseo en las casas, las cocineras.
Los que no tienen que salir a ganarse la vida al día y los que no están en el rubro de indispensables ante la contingencia, a qué arriesgarlos para que contraigan la enfermedad y la lleven a casa y crezca el problema; se trata de aminorar el número de personas en las calles, oficinas y dependencias para que se corte el mal, o que no se generalice para que se pueda brindar el servicio a todos los que sean víctimas de la pandemia, sin que colapsen los servicios de salud, como sucedió en Italia, donde no hizo caso la ciudadanía que, al darse cuenta del problema, ya era tarde, y los muertos se multiplicaron y siguen siendo muchos, y no se quiere que igual suerte sea para los mexicanos, así que la autoridad no debe caer en el autoritarismo. La situación es difícil, no se debe complicar más; y menos porque lo visto hasta ahora anuncia dificultades.
2.- Empiezan a aparecer asesinados con historial delictivo, sobre todo de robos; van tres en pocos días; el que lo está haciendo no se anda por las ramas, los filma declarándose culpables y frente a la cámara, disparos directos a las cabezas, y todo se acabó para ellos
3.- Italia nunca quiso al pueblo cubano y siempre votó en favor al bloqueo sobre la isla, y resulta que ahora son doctores de ese país los que están luchado por salvar vidas en la península itálica; nada más falta que después de esta contingencia, el gobierno vote para que el bloqueo continúe. Revisemos los acontecimientos para eliminar las injusticias ya.
4.- Eso que Pepe Casas vaya y le tosa de frente al alcalde, de lo que habla no es de valentía, sino de protagonismo, y en eso, los dos personajes citados son buenos teatreros
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