POR QUE NO ENDEUDAR AL PAÍS,

PERIODISTA GERARDO FERNANDEZ CASANOVA>>

POR QUE NO ENDEUDAR AL PAÍS,>>

Gerardo Fernández Casanova>>

La crisis provocada por la pandemia del Covid-19 ha exigido cuantiosos recursos del erario para su atención y, puede decirse, que ya se han aplicado y que se dispone del dinero necesario para la adquisición de la vacuna en cuanto esté disponible en condiciones de seguridad. La crisis económica derivada implica una doble dificultad: la inyección de recursos públicos destinados a la recuperación de la actividad productiva y la reducción de los ingresos fiscales generada por la baja en la referida actividad. El gobierno de la 4T ha diseñado y ejecutado una forma diferente en lo relativo a la reactivación económica, al otorgar cuantiosos recursos a la muy pequeña empresa y a la gente de menores recursos, con la finalidad de proteger a las capas más vulnerables de la sociedad y de asegurar su capacidad de consumir, con lo que se fortalece el mercado interno. En alguna medida –buena diría yo- el diseño ha mostrado eficacia y se recuperan los empleos perdidos y el comercio menudista registra incrementos importantes.

No obstante los esfuerzos de combate a la corrupción, de reducción del gasto superfluo y de evitar la defraudación fiscal, la hacienda pública queda con un muy reducido margen de maniobra; el presupuesto para 2021 registra severas reducciones y elevados reclamos de recursos en todas las esferas de la actividad gubernamental.

Ante tal circunstancia las recetas economicistas indican medidas como la adquisición de recursos por vía de la deuda externa y el aumento de impuestos o de los precios de los servicios prestados. El Presidente asumió en campaña el compromiso de no acudir a ninguno de tales recursos. Pero no sólo por haberlo comprometido, la irrupción de la crisis sanitaria exógena pudiera justificar su incumplimiento,

sino por la inconveniencia de su aplicación, recomiendan el estricto cumplimiento.

En lo tocante a los impuestos, un aumento sería contraproducente cuando de lo que se trata es de proteger el consumo mayoritario y de facilitar la inversión de las empresas; además debe agotarse previamente el expediente de cobrar a los grandes consorcios que evaden o eluden la contribución; no es válido cobrar más a los que siempre han llevado la carga. Se pretende demostrar un manejo honesto y correcto de los recursos para transmitir la confianza y pasar del concepto de impuesto al de contribución. Es un concepto político y de ética administrativa, pero de una muy alta rentabilidad fiscal.

Por lo que se refiere a la deuda externa, la prevención es producto de la experiencia histórica, no nada más por la decimonónica que nos significó bloqueos e invasiones, sino por la reciente de los últimos 50 años. José López Portillo cayó en el garlito de la sobreoferta de recursos financieros en el mercado mundial para proyectos de infraestructura y de producción petrolera, con base en los bajos intereses y los altos precios de los hidrocarburos; en 1981 el esquema registró un giro de 180 grados: se elevaron súbitamente los intereses y se derrumbó el precio del petróleo; el país cayó en moratoria del pago de la deuda externa y de ahí llegó la negra noche del neoliberalismo impuesto a la hora de la renegociación de una deuda impagable. El Fondo Monetario Internacional intervino la administración financiera con sus personeros en la hacienda pública y dictó la política económica mexicana, al igual que la de la mayoría de los países latinoamericanos. A partir de Miguel de la Madrid el patrimonio nacional fue privatizado, los salarios constreñidos y la soberanía extinguida, al inicio a regañadientes y luego con singular alegría a partir de Carlos Salinas de Gortari. Hubo que librar heroicas batallas en salvación de la Patria, hasta que en 2018 se logró sacar del gobierno a los que fungían como esbirros del referido organismo internacional y emprender un proyecto alternativo de nación. En ese

momento la deuda se había multiplicado por mucho y el país está ahogado pagando más de 700 mil millones de pesos cada año, sólo por concepto de servicio de la deuda. Esta es la principal atadura presupuestal mexicana.

Hoy nuevamente recorren el mundo los promotores del financiamiento, ofreciendo todas las maravillas y facilidades, pero… ¿y luego? La corrupción ya no es negocio para los dólares del garlito.

Es tiempo de diseñar un esquema soberano de renegociación.

Correo electrónico: gerdez777@gmail.com

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