COLÑUMNISTA IGNACIO CORTES MORALES>>

Por la libre 2180 del 6 de octubre del 2019 Por Ignacio Cortés Morales
6.- No te voy a perder
Al llegar a casa, S se comunicó por móvil con C, quien no contestó de inmediato, se dio el tiempo para pensarlo, porque no quería tener otra escena como la vivida horas antes en la oficina, le estresaba, y se daba cuenta perfecta que esta relación no se consolidaba, había dudas, se había metido en la vorágine de culpas que derivaban en los reclamos constantes, por lo que aguardó, pero ante la insistencia, la tercera en el orden, lo hizo porque tampoco quería tensar las cosas como para que se rompieran; quería soluciones, que se reflexionara y se acomodara todo, de tal manera, que se tuvieran más días de vida y no de discusión, y menos por necedades y cuestiones de edad que no tienen arreglo, más que retrocediendo el tiempo, lo que es imposible, no se podía luchar contra la naturaleza ni contra los años, por lo que quería definiciones reflexionadas, y era claro que unas horas no bastaban para acordar consigo mismo el futuro para los dos.
“Sí, buenas noches”, dijo ella, aparentando una tranquilidad que estaba más que lejana.
Necesito hablar contigo, ya lo pensé, voy a buscarte, soltó él con clara ansiedad, con la intención de hacer ver a su compañera que le necesitaba, que era su todo, y suplicó: por favor, no me dejes, no sé que pasaría si no estás. Tantos años en tu búsqueda, porque ahora sé que te buscaba precisamente a ti, ¿y todo para perderte?; no es justo. Dame otra oportunidad porque he aprendido la lección y no quiero que esto se lo lleve la trampa. Eres la vida misma, y sin ti las cosas no tienen sentido; ¿hacia dónde voy sin ti?, sostuvo con premura creciente, con angustia, aferrándose a la vida, en la carta final.
“Perdona, creo que una situación de este nivel no se puede resolver con unas horas. No se trata sólo de pensarlo, sino de reflexionarlo, de apropiarse de ello y dejar de lado los temores que te agobian. Es poco tiempo para hablar. Dejémoslo para después. Creo que lo mejor es terminar la semana para ajustar lo que tú traes del extranjero y dejar las tareas encaminadas y me iré unos días; estoy muy cansada; lejos para que, al regreso, se tomen las determinaciones que sean necesarias entre nosotros, pero no quiero que sea antes. No se trata de resolver lo inmediato para caer en lo mismo, es desgastante y no llevará a nada más que al abismo y vamos a terminar odiándonos; y no tengo la culpa”.
Así que te vas, huyes, en lugar de quedarte y que resolvamos la situación imperante, le contestó S que volvía a exaltarse; era evidente que la situación le ganaba, que no podía controlarse, que era necesaria la distancia para que se aclarara el pensamiento, aunque para él estaba transparente, le amaba y se aferraba, no quería perderla, sin embargo, era imposible tomar las cosas con calma. La vida se le iba, lo pensaba en arrebato extremo.
Justo en ese instante hubo un poco de luz, guardó silencio y bajó el móvil, y sólo lo levantó para decirle que tenía razón, que hablarían al día siguiente, en la oficina, y ella le respondió que sólo sería para cuestiones de trabajo y S ya no quiso decir más; justo en ese momento le vino una reflexión y tenía que tomarla de inmediato para encontrarle salida, como ese instante en el que llega la luz, no es duradera; hay que atraparla.
Se despidió inmediatamente, de tan cortante manera que dejó ahora en C la interrogante sobre lo que estaba pasando. Era evidente el carácter tan cambiante de S, esos cambios que irritan a cualquiera. En un chamaco se entiende, pero en un hombre de su edad, no.
¿Sería que S, en realidad, fuera un inmaduro?. Ocupado en el trabajo ¿se olvidó de sí y nunca prosperó su interior?.
También era cierto, el no dialogar envenenaba a los dos. Porque no dialogaban mucho; discutían mucho, pero los estados de paz eran mínimos, y ante la posibilidad de trifulca, reclamo o dudas, se optaba por guardar silencio, siendo C la que más callaba porque se daba cuenta que él no alcanzaba a escuchar. Tenía una fijación por sus ideas y no permitía nada que viniera de enfrente. La fijación por la edad era cierta, había bases para ello, pero era absurdo traerlo a colación todos los días era un círculo vicioso. Quizá era cierto, lo que quería era decepcionar a su pareja y demostrar que es un fracasado, y de ello los celos, la enfermedad del amor, y había que pensar si se hería él o, al citarlos sobremanera, a quien quería herir era a ella. ¿La quería decepcionar?.
En la última vez que se vieron, por la mañana, más parecía un tablero de ajedrez que una relación amorosa, más el cálculo que la espontaneidad, más lo que dice el otro para atacar, el movimiento de uno para hacer el propio, y escuchar el argumento de enfrente para ver si se puede ganar terreno, palpar el sentir del otro para obtener ventaja, y ¿dónde se había extraviado el amor?; peor aún, ¿se había acabado?, ¿quién lo mató?, Pero no, se dijo él, esto no se ha muerto, vamos a reacatarlo, pero como si todo entre ellos parecía un campo de batalla en el que no se confiaban nada, todo era top secret, en el sinsentido, el absurdo, y ¿cómo se puede preservar una relación ante tantas palabras a medias, lo mismo en las respuestas que en las preguntas?, y se tenía que resolver, igual para continuar que para olvidar.
Para S las cosas eran más difíciles, pero los dos tenían la obligación de sincerarse y de pensar en sí sin abandonar al otro a su suerte ni llevarlo a sus trampas y estado de confort; si toda la intención era positiva, no se trataba de arrastrar al otro para sí para tenerle a su merced, sino que se debía respetar su autonomía, su independencia; no un satélite y un planeta; el amor no puede darse entre amo y sirviente, eso es dependencia.
Y una más, también S vio una primera luz y le aterraba confesárselo. Efectivamente, quizá cuando entendió que la vida se le iba, por edad, buscó desesperadamente el amor y se encontró con C, y el hecho de que fuera una mujer especial, le hizo querer atarla más. Se estaba confesando en ese momento que estaba en franca desventaja y tenía una inmensa necesidad de amar. ¿Era acaso un querer saber qué se siente amar y que lo amen?, ¿a eso se reduce la relación para S?.
Lo uno ligó a lo otro y también se planteó si no estaba actuando con sumo egoísmo, si ponía por delante su pensar, su sentir y hasta su vida por arriba de lo que C quería, anhelaba, esperaba de la relación.
Para él sería muy sencillo, es su última oportunidad en la vida, pero C, con sus treinta años tiene muchas más ocasiones, y, se dijo si no estaría asiéndola a ella por puro egoísmo y si lo mejor sería dejarle para que ella encontrara la plenitud y su pareja de acuerdo a su edad y no ante una situación un tanto forzada, que se dio hasta el enamoramiento.
¿Cuánto perdería ella por tomar ese amor estando en la plenitud de la vida, cuando las oportunidades son muchas, máxime siendo tan bonita e inteligente?.
Ante esto, lo primero que se le vino a la mente fue el gesto bondadoso de dejarle para que encontrara su verdadero camino, de acuerdo a su edad, que al fin para él la vida era el trabajo; lo seguiría haciendo y más, y con ello olvidarla al paso de los días.
Sin embargo, no era tan fácil aceptarlo, no es tan sencillo abandonar la posibilidad de encontrarse con el amor, había un grito de rebeldía que le impedía ser tan generoso; había algo para justificarse: el amor sí es lo más generoso que hay, pero llevarlo al extremo es absurdo, y se justificaba, ¿y qué tal si conmigo es feliz, diez, 15 ó 20 años, y con nadie más puede hacerlo?.
Desde luego que el amor también tiene algo de egoísta. Se quiere a la persona para sí, no para darla en pedazos por el mundo, eso tiene otro nombre, menos generosidad, así que voy a luchar por ella, se lo plantearé y que ella decida; si me aceptara, siempre me quedarán dos recursos: muy pronto, cuando yo sea un inútil, o sienta que esté próximo a ello, tomaré mis cosas y me iré; no estaré para causarle penas, para que me cuide, que esté para mí. Si llegué a su vida es para ayudarle no para que me ayude. Eso jamás. Dejaré todo en orden y me iré, aunque, hasta el último instante estaré al pendiente de ella, y todo se lo dejaré porque su participación está logrando que crezca esta empresa, así que lo único que haré será una acción de justicia por todo el amor que me tuvo y todo el trabajo que desarrolló todos estos años en nuestra oficina. Me iré antes de ser un estorbo.
La segunda salida es el suicidio. Un golpe, un sufrimiento, un hecho y adiós. ¿No sé a qué se le tiene miedo?. Es la decisión más personal y libre que tenemos, pero en silencio, en la discreción, no en la alharaca para que todos se den cuenta de ello, sino como si fuera un acto de contrición, muy personal, para mí, en la sublimación de la libertad, con indicaciones precisas para causar el menor dolor posible, y para ello un “accidente” es perfecto.
En fin, el caso es que, si ella acepta, será mientras pueda estar en plenitud de facultades, pero esta parte de mi decisión no la sabrá nadie, menos ella.
Todos ponen el grito en el cielo, pero ¿qué diferencia se tiene entre suicidarse y buscar la muerte descaradamente, como lo hicieron varios de los que ahora son santificados y tenidos por héroes o mesías?; ¿qué no conocían su destino?. Hicieron todo lo que estaba en sus manos para cumplirlo. Fueron suicidas, pero eso ¡qué me importa!, lo que quiero es salvar la situación con C, aquí y ahora, lo que vendrá después, después.
Por eso al día siguiente, en la oficina, él fue cortés, amable con C, lo mismo en la junta general para tocar todos los tópicos y escuchar los puntos de vista de los directores de las distintas áreas, que directamente con ella, quien era la coordinadora de la empresa, y mucho de lo que ahí sucedía pasaba por ella, que separaba lo personal del trabajo, en un gesto de profesionalismo que mucho apreciaban todos los que conocían la relación, y era evidente que se tenía a resguardo de opiniones de todo tipo, maliciosas o no, para que nadie se pasara de vivo, y cuando alguien lo intentó, fue despedido, “aquí no es la vecindad, presente su renuncia y pase por su liquidación; la señorita tiene instrucciones, y para no volverle a ver, va un extra”, arremetió C ante una indiscreción y el cotilleo. De nada valieron las súplicas, todo estaba resuelto y se procedió conforme a las reglas.
S seguía pensando en el egoísmo y en la relación, y cuando llegó el viernes, ante el adiós, ninguna lágrima, menos un reproche, fue hasta cordial, y el intento de él de darle un beso en la boca fue rechazado con suavidad, “tú crees que no me muero de ganas no sólo del beso, sino de pasar el fin de semana entero contigo, como pareja. Desde luego, pero no quiero que el lunes, o el mismo domingo por la tarde vengan los reproches, los pleitos; quiero que se resuelva la situación de fondo, y si vienen las discusiones, que sea por otra cosa y no por el círculo vicioso de la edad, los celos, la desconfianza, la tontería. Si te fijaste no regresó a la empresa Patricio, renunció en un absurdo; él es excelente en su área y lo necesitábamos, pero no quise tener más problemas. Nos vemos a mi regreso y platicaremos, eso te lo garantizo, y si tú tienes los elementos, desde ahora te digo que me quedaré contigo, pero quiero a tus demonios vencidos, y si aparecieran, tener la madurez de discutirlo con todas sus letras y no como un reproche”.
Está bien, dijo él, perdona; ¿cuándo volverás?, queriendo parecer sereno, aunque para sí las cosas no eran tan sencillas, pero el que hubiera descubierto la pista del posible egoísmo frenó sus ímpetus y había que analizar la situación, por lo que le deseo buena suerte y ella fue hacia la puerta y de espaldas subrayó: “Ojalá y tenga que regresar pronto y que sea para bien, pero de no ser así, no sabes cuánto te agradezco los tantos momentos que juntos pasamos. Lo mejor que me pudo pasar en la vida. Me encantaría estar aquí y quedarme contigo porque te amo y estaría dispuesta a aceptar todos los peros que no sean desconfianzas. Piénsalo bien, por favor, es tu vida, cuídala, fortalécela para que seamos felices. No lo tires por la borda. Nos vamos a arrepentir si así sucede”.
¿A dónde vas a ir?.
- No te lo voy a decir, pero estaré al pendiente, y no me llames. Te pido que no lo hagas para llenar tu soledad. Lo que sentimos los dos no se borrará por unos kilómetros y unos días; si así fuera, querrá decir que no es firme y entonces ni al caso; todo estará dicho. No necesita reafirmarse, pero sí reflexionarse con calma, y nada me dará más gusto que me llames una noche y me pidas que regrese y que sea para siempre, pero no lo hagas antes, no lo aceptaré, no es justo”.
- Te voy a extrañar.
- No hay razón porque yo seguiré contigo, pero a plenitud, no esperando que surja un nuevo pleito, que ni siquiera se pueda disfrutar el momento porque sé que al final vendrá la discusión por cualquier torpeza, aunque sabemos que el punto de origen es tu inseguridad”.
- ¿Así que la culpa es toda mía?.
- Volvemos al punto de partida, encontremos soluciones.
- Sí, pero te vas.
- Está lo suficientemente hablado este caso y sí, me voy, porque lo tienes que resolver y saber si tienes la fuerza para ser feliz.
- Está bien, no discuto más, veo que no hay solución, que te tienes que ir, que yo me quedo, que tengo que reflexionar y ya después veremos. No diré más, y sí, en el fondo me queda la esperanza de que un día recordaremos esto como una anécdota.
- Nada deseo más
Volvieron a abrazarse, a hacerse recomendaciones profesionales y personales, besos en las mejillas y ya resuelta, hermosa como siempre y con el amarillo que tan bien le sentaba, abrió la puerta, resuelta, como Nora, aunque allá para realizarse ella, y aquí para saber si él tenía la fuerza para ser y hacerla feliz.
Salió, pero él no se derrumbó: Te espero, regresarás. No te voy a perder.
Por la libre 2186 del 13de octubre del 2019 Por Ignacio Cortés Morales
7.- Dos pensamientos
S sale de la oficina después de un día intenso de trabajo; ella en otro lugar, y ha pasado la tarde en contacto con la secretaria de la oficina, sin que él se dé cuenta, engarzando las acciones para que nada se pierda y que fuera en orden, paso a paso el proceso de la internacionalización de la empresa, de lo que dependen decenas de trabajadores y los que se agregarán en caso de que se logre el propósito, por el que se laboró durante décadas y a C le correspondió la etapa de cosecha, pero que requirió de un esfuerzo extra, pues esos últimos movimientos fueron al filo de la navaja, por lo que no había lugar a las dudas, y aunque desde lejos, nunca dejó la coordinación, sin que él lo supiera, pero sí, le llegó a sorprender la agilidad de M para responder ante los retos, nunca preguntó; no dejó de decirse que M tenía habilidad especial y, de alguna manera, le recordaba a quien llevaba en el pensamiento todo el tiempo, por su resolución para encarar los problemas.
C, tras cortar la comunicación desde su móvil con M, respiró profundo, había estado tan cerca de S, incluso, llegó a escuchar su voz, y por poco se le sale el “pásamelo, por favor”, pero la ¿prudencia, el orgullo, el objetivo?, lo que sea, se lo impidieron, y así se cerró el día, en donde le resonaba la voz de su amante y que quisiera correr a su lado, pero sabía que no era el momento, que sería como forzar las cosas; lo quería, sí, pero sin condicionantes, no menos.
El amor es sublime y grande cuando no es sustituto, sino el auténtico; o sea, el que se ama, no amar a alguien porque no se tuvo al auténtico, al que se le da y se recibe su luz, la que emite y es receptora de toda la intensidad; el amor es uno y vale cuando es entre iguales; las sustituciones terminan por ser más que dolorosas y dejan siempre el anhelo trunco, la insatisfacción, enclavando un vacío que crece al tiempo
Cuando S llega a su casa se dispone a descansar, pero antes prepara café y con él llega a su recámara, y aunque está cansado, su pensamiento vuela hacia C, y se pregunta dónde estará, y siente, como todas las noches, la necesidad de llamar, pero se contiene, sigue en él, desde que lo descubrió, el pensamiento de que se comporta muy egoísta, y es que sabe de su edad y siente que no tiene derecho a encadenarle, más que eso, condenarle a la vida con él y sus tantos años, y eso ha ido generando en él una resignación que se le va llegando al corazón, que le ha costado, pero llega la paz, la tranquilidad, viene la resignación y está asentándose ahora.
Le ama más, pero el amor es generoso, el amor se da, no solicita ni obliga, da, y cuando es fuerte atrae; esa fuerza, esa magia tiene; es lo que pasó entre él y C, él la atrajo porque era tanto el amor, y ahora, en la lejanía, sin tener ni una gota de él, sin cruzar una sola palabra, el sentimiento se acendra y ha estado a un paso de llamar, de retornar, pero se contiene; sabe que si cede, se volverá a lo mismo, a la voz eterna de la inseguridad, a la espera de una nueva riña, a nunca ser feliz porque al final el reclamo.
Él llega a pensar en seguir en la búsqueda del amor, pero qué tontería, es ella la que interesa, la joven, y justo en ese momento vuelve para sí el que ella tiene el futuro por delante y no seré yo quien lo ate, no sería digno, sabiendo el daño que le puedo ocasionar.
Ahora agradecía el alejamiento, fue excelente, quería dejar pasar el tiempo para que se consolide el distanciamiento, aunque le venga el dolor de perder a quien le despertó la pasión, pero ya no quiere que crezca, y no por él, por ella; es la hora de ponerle el fin, aunque casi de inmediato venía el arrepentimiento y se preparaba para llamar, dialogar y recuperarle, pero se volvía a colgar el móvil, sin hacer esa preciosa llamada que le devolvería el amor de ella y su presencia toda. Por amor la quería para todos sus días, pero también entendía que no le alcanzaría su fuerza para brindarse por entero. Pronto, bien pronto empezaría a ser un estorbo, “ella no merece que por mi egoísmo se ate”.
Ella esperaba la llamada pero no quería un pleito después, por lo que deseaba la total entrega, no las soluciones de ahora para caer al día siguiente; no se veía nunca con la cotidiana zozobra; ella quería ser feliz, “no voy a aceptar nada que no sea el amor real y duradero, no el que se da ahora, pero al final del día sobreviene la discusión”, que era lo que estaba generando entre ellos un vacío y un alejarse al ritmo de las palabras que se decían para ofenderse y para dolerse. Ella lo quería de verdad, sin apartar los pies de la tierra, pero “qué importa, si es verdadero, si es real, si es sincero, que todo viva tan sólo unos años, pocos, pero ¿cuánto dura la felicidad? –y se respondía- lo que dure está bien pagado, que lo que vale es lo que deja huella, lo que acendró, lo que se queda, vale”.
C esperaba ilusionada, S, en cambio, dejaba la impresión de que empezaba a resignarse.
No era menos doloroso lo de él, lo que él sentía. El aceptar que no tenía edad para hacerla lo feliz que quisiera, le causaba pesar, era un dolor profundo, y las noches eran de pensar y pensar, y la soledad la llenaba el trabajo.
Ella no iría a buscarle; ya lo había hecho una vez y los resultados, a la larga, no llenaron las expectativas, por lo que no lo haría, aunque sí tenía la presión de su mamá que siempre le decía que ella sería la culpable de lo que sucediera, y si se terminaba era porque no sabía comprender las cosas, lo que le llamaba a la reflexión de “siempre queda la idea de que toca a nosotras la carga de la situación, sobre todo si es negativa”, y aunque no se atrevía a contradecir a su madre, sí lo pensaba y sí lo sufría lo suficiente, y cada día le era más difícil sostener el caso sin correr a donde él se encontraba.
Él no daba señales de vida, parecía que sí la dejaría perder sin lucharle, y se sentía infeliz, pero se lo reprochaba a ella porque se fue; en él venía la autocomplacencia y la victimización, lo que, igual era una forma de egoísmo, pues creía que el dolor sólo era de él, y de ella no puso la atención debida, sólo él se sentía triste y no dimensionaba lo que ella sentía, si acaso le dolía no le interesaba, y en los instantes de más soledad, hasta llegó a maldecirle en su dolor, en la unilateralidad.
Ella sí se veía más generosa, estaba dispuesta hasta el sacrificio de luchar todos los días para conservar el amor y abrazarse a la vida, si él lo decidía así, si le llamaba, si se le daba, si hablaba, aunque todo apuntaba a que no se viviría la ocasión de reencontrarse; lo presentía, así le llegaba, con resignación, y hasta se daba por vencida, aunque su espíritu rebelde le impedía la soledad y el aceptar todo sin pelearlo, pero quería a la buena, en campo abierto, sin atajos, sin temores, sin miedos, sin sustitutos, sin reemplazos, así durara unas horas, unos días, lo que fuera, que cualquier sacrificio, si se recompensa con el amor, sin duda que se paga con creces.
Siempre para él la tentación de llamar, pero los fantasmas le detenían la mano, y ella se quedaba esperando, y es que había hecho su parte, un acercamiento, y aunque fue por trabajo, tenía su mérito; podría no hacerlo, ya no estaba en la empresa, pero lo hizo y él debió intuir, puesto que las soluciones eran las características de ella, quien tenía una manera particular de hacer las cosas y, por fuerza, él podría advertir quién estaba detrás, pero nada; los días pasaron vacíos.
Él llamó antes de que ella se fuera, pero la respuesta fue que no se podía reflexionar una vida en sólo unas horas, por lo que no volvió a hacerlo. Lastimaba, es cierto, pero quién soy para atar a tan grandiosa mujer a mis años, mis achaques que pronto aparecerán, y mis celos que no me abandonan. Hizo bien en irse.
Total, cada quien en su espera y, en la realidad, dos soledades por separado y una sola verdad absoluta, ninguno tenía al otro, y lo que se sentía, el pesar profundo, seguía su camino y dos seres podrían quedarse solos si nadie daba el paso.
Pudiendo estar los dos en el disfrute de sí, el tiempo que fuera, ahí estaban, como changos, cada quien en su pedestal, y no se podían ver ni hablar, en un absurdo que es amparado por el prejuicio, la duda, el temor, la tontería, como para tomar a los dos, sentarlos, hablarles fuerte y que nadie se fuera hasta que salieran juntos, entregados al amor del uno por el otro, pero ¿quién lo haría si no lo hicieran ellos?.
Ahí síganle, desperdiciando el tiempo que a ambos les correspondía, pero ni querían correr riesgo, y por no perderse un poco, se perdieron todo. Síganle, decía alguien de no se sabe dónde, alguien que hubiera querido unirlos, pero ante la necedad, el orgullo y la soberbia, nada se puede hacer; seguro que ni siquiera dios.
Por la libre 2194 del 20de octubre del 2019 Por Ignacio Cortés Morales
8.- La llamada
Tras de un día completo de meditarlo, de querer entender al tiempo y sus circunstancias, el amor y el desamor, el mañana y el nunca, del sueño de amor que quisiéramos que nunca terminara, a la pesadilla que no se acaba pronto, de la inmensidad del infinito al ahogante espacio limitado, de la luz del nacimiento a la oscuridad fúnebre que nunca se extingue; de la razón a la sinrazón del sinsentido, de la risa más fresca a la carcajada que se torna poco a poco en llanto que convulsiona, del amor que le llena las venas y el alma a la realidad que no le dan más años que la ilusión de tenerlos, S ha tomado una decisión sobre C, viviendo el momento más intenso de su vida, todo en el cenit, aunque tan cerca del ocaso que todo lo arruina, lo corta, lo cercena, lo masacra, lo asesina al paso, le cierra las puertas y las ventanas, le quita hasta el aliento más sentido, lo pervierte, le entrega el lado oscuro de la luna para que nada se vea, para que no le duela tanto el olvido, para que no tenga recuerdos que lastimen, para que no haya nada, ni siquiera la nada, el vacío, la oquedad, el hoyo negro que quién sabe dónde se termina, si es que en algún instante o en cierto lugar del universo se llega al único final, de lo que no hay testigos, a lo que se acoge S que no quiere que nadie sepa lo que tiene que pasar en este instante tan definitivo, en el que el tiempo aparece propio, para acelerarse o para detenerse o para dejar de existir hasta el propio tiempo de pululantes manecillas intrépidas, que nunca se cansan ni se aburren por recorrer el mismo camino siempre …
Vuelve a dudar, se detiene; tiene el número marcado ya, pero no se decide y deja sobre el escritorio el móvil; da unos pasos, se vuelve, se detiene él y el tiempo, hay un vacío, es la indecisión, es la carta del juego de su vida, pero, hasta ganando, puede perecer, la dualidad del triunfo o el fracaso, pero con un solo desemboque, la dureza fría del morir acaso a la vuelta de la esquina, la duda que no se abandona, es la espalda de sí mismo, es la noche que tiene que darse al concluir el día, y el día es de invierno, corto, apenas de lo suficiente, es un paréntesis pequeño, y que se cierra si acaso tuvo el atrevimiento de abrirse en la timidez del existir del suspiro, es el presente, que es tan efímero que parece que no existe y sólo queda el pasado y, si acaso, el futuro que quién sabe si vendrá, si el destino le permitirá existencia o sólo quedará en tiempo y sin actuantes.
Hay una pausa, otra más, antes de volver hacia el escritorio, donde dejó el móvil al que sólo le faltó mandar para que la llamada saliera, y ya con el celular en la mano, siente que no puede retroceder, que es la hora de su realidad, de enfrentar las cosas como van para no quedar como un imbécil, aunque por momentos piensa que es lo mejor, pero, en realidad, es una indefinición, una cobardía disfrazada, pero cobardía al fin; un estado que no le va a nadie con gallardía, es la salida por la puerta trasera, es la negación de sí.
Al fin llama… C no responde. Un tono, otro tono, uno más, y viene el cuarto y ninguna voz del otro lado. No tiene que estar al pendiente del móvil, piensa, pero con inquietud, y nuevamente marca; tampoco encuentra respuesta; la ansiedad viene con más aspereza; algo está pasando, se dice; ¿y si está con alguien?, ¿quién es ese alguien que le absorbe el oído?, ¿la vecina, o está platicando con su mamá, o dejó el celular en otra habitación, en la sala?, y sigue inventando historias hasta llegar con su temor sempiterno, que no se quiere mencionar, no una vez más, ya no más tormentas.
Se acabó, al tiempo que cierra el teléfono; se dice que así es mejor, que no hubiera respuesta. Las cosas suceden por algo, se repite; se sienta, se siente mal, vibra el móvil, eso es, se dice, lo tenía C en el vibrador, por eso no escuchó, no había timbre.
Es tanta su desesperación que corta la llamada. Ve el número, no es de ella, se alegra de haber errado al contestar porque ahora no tiene cabeza para nada que no sea C, en este momento de angustia, de no saber qué hacer, si volver a llamar, si esperar, si tirar el aparato, romperlo; ya, ya, que se acabe, adiós, nada, nada qué hacer; lo intenté, la suerte está echada, hasta nunca, que se quede sola…
¿Ella o yo?. No es necesario responderse, ya sabe lo que corresponde, para qué seguir en la herida, regodeándose. Fue el día final. Se sirve un trago que acaba de un envión y otro más; el tercero lo deja, como dejó el móvil, pero no lo apaga; su obstinación se lleva a la posibilidad de que le llame; ¿y por qué no lo hago yo, una vez más?, ¿qué más da, una tercer llamada?, ¿qué sepa que tengo gran interés?, ¿y qué?, ¿me voy a andar cuidando a estas alturas, jugando al ajedrez como adolescente?; y llama; tampoco se da la respuesta. Mira el reloj son las 11 de la noche, no es tan tarde; toma un sorbo, apenas, y se dice que no se emborrachará; sabe que no tiene sentido, aunque duele este trance.
Deja el móvil y se dirige a la salida cuando entra una llamada. Puede ser ella o quien intentó comunicarse hace un momento. Duda, una más; camina despacio y toma el celular en el momento en que deja de sonar, ve el número, y es ella; quiere marcar él, pero se frena. Yo lo hice dos veces, si le interesa, insistirá, si no, todo quedó definido
Los minutos corren… Uno… el celular está muerto… Dos… nadie se comunica en este mundo en este momento… Tres, las comunicaciones se han caído y quizá para siempre… Cuatro… ¿Qué estoy esperando?… Cinco… ¡Es tonto lo que estoy haciendo!… Seis… No llamará más… Siete… ¿Qué va a pasar?… Ocho… Me quedaré en la espera… Nueve… ¿Y si está esperando que le llame?… Diez… Yo no haré nada. Esperaré cinco minutos más y apagaré el móvil. Pero no, voy por más de diez minutos, como hipnotizado, hasta que se da la llamada de ella. Deja sonar una, dos, tres veces, y a la cuarta, responde. ¿Qué le dirá?; no sabe; deja que sea ella la que decida.
“S, buenas noches, ¿cómo estás?. Perdona, dejé el móvil en la sala. Me recosté temprano, pero me levanté y vi tus llamadas. La regresé y luego esperé, pensando que tú atenderías el llamado y no quise que se cruzaran, pero, al ver que no hubo nada, insistí y aquí estoy, a tus órdenes. Tú me dirás lo que necesites. ¿Estás bien?, ¿pasa algo?. Dime, por favor”.
- ¿Ya regresaste del viaje?.
- Nunca me fui. Aquí he estado, en casa
Él se queda sin respuesta. La escuchó, su voz cerca del oído, como para él; sólo para él se emite: lo valora en todo lo que vale; es para él su sonido, su musical hilvanado que se da en la intimidad, y él lo atesora y quiere que siga, por eso no responde nada por ahora.
El tono de su voz no es el que deseaba escuchar, se siente lejana; amable, pero tiene un algo diverso; como que hubiera querido más ansiedad, más adolescencia, desbordada, presta, tendiéndose en el deseo de poner un puente corto, sumamente corto para que se transite pronto, para llegar aquí y ahora: Nada de eso se advierte. Se siente nuevamente afiebrado, pero se recobra. Quisiera verte, hablar contigo. Ella no responde, no lo hace con premura, piensa, medita, deja correr instantes. ¿Es evidente que algo no está bien?, pero no quiere precipitar las cosas y aguarda; no vaya a ser que por insistir se acabe todo. Deja que ella se tome el tiempo, que interprete bien la petición y responda.
Él insiste, me gustaría hablar contigo ahora; “¿ahora?”. Sí; si no tienes inconveniente, desde luego. Piensa que quizá dejó pasar mucho tiempo y tal vez a ella llegó alguien, ¿o nadie?; por ello no quiere dar una respuesta, ni su tono de voz es suficientemente entusiasmada ante la llamada de él.
Algo pasa. Tal vez se rompió para siempre; ¿en sólo cuatro meses?, si no era un amor de adolescente, sino entre adultos, pero todo puede suceder y él se siente como bobo. Se arrepiente de haber llamado y luego de contestar.
“¡Ahora no es posible!. Ya es tarde, mamá está un poco mal, nada de cuidado, pero anoche no durmió bien y ahora igual. No estoy en condiciones. ¿Puede ser…”, y a él le dio la impresión de que no sabía qué decir. ¿Qué le iba a responder?, ¿en una semana?, ¿diez días, un mes… cuándo?, pero todo era elucubración de él, porque nunca hizo la pausa, fue sólo idea de él, precipitación, angustia, ansiedad, premura, no sabe; su malestar crece; no lo puede creer, y termina de escuchar: “¿Puede ser… mañana por la noche?, ¿a las nueve?”. ¡Sí!, desde luego, casi le arrebata la palabra. Pero, dime, ¿cómo estás?. “Bien, con mucho trabajo. Sigo tu empresa y tengo mi propio empleo. Perdón, no fue un buen día, mi madre ha tenido algunos problemas de salud. ¿No te importaría si hablamos mañana en la noche, por favor?”. Al final suaviza el tono, se esfuerza en ello, mientras que lo primero, si no es de fastidio, sí de cansancio, por lo que quiere cortar la llamada, pero él insiste: ¿Por qué no desayunamos?. “No puede ser, tengo ya citas, tres en la mañana y tres en la tarde”. Pues si lo prefieres, dice él, lo podemos dejar para la siguiente semana. Cerca estuvo de escuchar un como quieras, pero ella responde: “por favor, no es mi intención fastidiar, no te enfades. Tú sabes cómo soy en el trabajo. No sabía que tú llamarías, y, si lo hacías, cuándo lo harías. Apelo a tu comprensión. Aunque no me lo preguntes, sí, me da mucho gusto escucharte. De verdad. No fue buen día. ¿Nos vemos mañana por la noche aquí, en tu casa… Por favor”.
Ya le hizo la noche, el día, la semana, ¿la vida?, y sólo le pregunta: ¿se te ofrece algo, a ti, a tu mamá?, ¿quieres que la llevemos a la clínica del doctor Z?. “No es necesario, es un malestar ligero, pero no deja de mantener en vilo”. ¿Quieres que te mande una enfermera para que se haga cargo de tu mamá?. Lo puedo hacer en este momento. “No te molestes”.
Sabes que no es molestia. Te mando al doctor y una enfermera para que tú descanses, que mañana será un día largo, y, de verdad, si quieres lo dejamos para pasado mañana, para el sábado. Déjame que te mande al doctor y que él valore si es necesario llevar a tu mamá a la clínica para que tenga mejores cuidados. Llega en media hora. “Está bien, si eso te tranquiliza, pero no vengas tú, por favor. Si lo haces me voy a molestar”. Vale, sólo irá el doctor y la enfermera para que se quede al cuidado de tu mami. “Gracias, los espero. Nos vemos mañana en la noche”.
¿No quieres que lo dejemos para el sábado?. “No, de ninguna manera; que sea mañana a las nueve; ¿te parece?”. Como tú digas. Gracias; descansa. El doctor Z te mandará el servicio.
“Hasta mañana. Gracias. ¡Qué gusto me dio escucharte!. ¿La verdad?, siempre estuve al tanto de ti, este tiempo… Mañana nos vemos”
Por la libre 2201 del 27de octubre del 2019 Por Ignacio Cortés Morales
9.- Los amigos
Doctor, perdón que le hable tan temprano, pero quiero saber el estado de salud que vive la mamá de C. Esperé el reporte anoche, apresuró S al doctor Z, con la voz ejecutiva que le caracteriza cuando se trata de asuntos profesionales, los que maneja con precisión, talento y conocimiento, y tras la respuesta, desde luego que lo entiendo doctor, era tarde, pero no decida por mí; si le pedí que se atendiera con premura el caso de la señora era evidente mi interés y esperaba el resultado, subrayó con determinación y añadió, bien doctor, no se disculpe, ya sabe que aquí nos manejamos con eficiencia y no con el creo que o pienso que; cuando dispongo las cosas es para que se den como debe ser, ¿de acuerdo?. Perdón, doctor, no le escuché, ¿de acuerdo?. Así está bien, ahora dígame qué informe me tiene sobre el particular, y Z le dio los datos, por fortuna no era nada de qué preocuparse, pero consideró conveniente que se le hicieran análisis completos, por lo que se le internará a la señora en la clínica, y al día siguiente, por la tarde, del sábado vuelve a casa, a lo que S cerró, le encargo especialmente el caso, manténgame informado y el último reporte lo quiero hoy antes de las nueve de la noche, minucioso, entendible, sin términos médicos, muy claros y preciso. De más está decirle que no quiero tardanzas.
Cerró el móvil, pidió que sacaran el coche, y en el trayecto, señorita, mi último asunto o cita la quiero a las 17 horas y que no tarde más de una hora; saldré de la oficina a las 18 y no quiero saber nada de la empresa el fin de semana, para bien o para mal; cualquier caso que lo atienda el director, a quien quiero ver en mi oficina a las 12; usted y él vean mi agenda, no quiero tratar nada que no sea necesario; Pocos asuntos y que no lleven dificultades mayores. También mande a casa de C el arreglo floral acostumbrado; si no está que se deje en la recepción del edificio. Permítame señorita, que sean 21 rosas, lo mejor que se pueda en orden floreciente. Se lo encargo. Envíe a alguien de la empresa para que se supervise esta disposición. Gracias, señorita, es todo, voy a desayunar con un amigo y estaré en la oficina a eso de las 11 para revisar correspondencia y atender al director; sí señorita, con el director a las 12, por favor. No señorita, nada más, gracias.
Al llegar, ya lo esperaban, entró el automóvil y su amigo le aguardó al pie de la puerta. Le dio el celular al chofer y sólo si llama C me comunica, ¿de acuerdo?. “Sí señor”.
- Amigo querido, no sabes el gusto que me dio el que me llamaras; meses sin verte. Dime, ¿estoy a tus órdenes?. Te juro que me sorprendiste, ¿qué es eso tan urgente?.
- Tu casa es hermosa, de todo un escritor exitoso, llena de sutiliza, de cultura, de buen gusto. Se respira paz, tranquilidad, sabor a lo exquisito, lo bello y sublime.
- Mira quién lo dice, tú que tienes una mansión de gusto especial, de millonario.
- Pero envidiando tu talento. Si me hubieran dado a elegir entre tu vida y la mía, sin duda que hubiera elegido la tuya, el reconocimiento, la bohemia, los viajes, las mujeres, la popularidad y hasta tu paso por la política. Lo hiciste muy bien.
- Tú también tenías talento para escribir. Muchas veces recibiste más halagos que los que yo tenía, pero te ganaron los negocios, te absorbieron y te fue excelente.
- Elegimos nuestros caminos, y, al final los dos aquí, sin ninguna preocupación por el dinero, es un punto resuelto, pero lo mío tiene horario y lo tuyo es libre.
- Porque quieres, puedes vender y lo que te den bastará para vivir 3, 4 o más vidas
- Eso no lo haré. Si vendo liquidarán a todos los empleados; los correrán o les van a ofrecer sueldos y prestaciones menores. Muchos esperando por años irse a descansar con una pensión más o menos equilibrada y ¿se las voy a quitar?. De ninguna manera, esta empresa la dirigiré hasta el final de mi vida. Si tuviera a alguien que supiera que continuaría con la misma política se la dejaría, si no, se darán las instrucciones para que sea una cooperativa, que sea de los trabajadores.
- Soñador, como siempre. La verdad, me da gusto que sigas igual, aunque no será fácil que te entiendan; corres el riesgo que todo el esfuerzo se trunque y pronto.
- No sería mi problema. Ya no estaré para entonces. Habrá un consejo que sea el que no permita que se venga abajo. El país nos dio estos trabajadores eficientes; que sean ellos los que disfruten, que crezca la empresa y da para generaciones.
- Pero no me llamaste para cuestiones laborales y de herencia, sino para algo que te inquieta, personal, y mira que no me equivoco; lo de hoy es muy importante.
- Ahora que estoy aquí, como que prefiero resolverlo solo, y te aviso mi amigo.
- Es tu decisión, desde luego. Ya me causaste gran alegría el que estés aquí, así que podremos hablar de fútbol, ¿sigues pensando que es malísimo el nuestro?.
- Aquí se juega algo parecido al fútbol, irregular, pobre, lleno de miserables mercenarios, corrupto, envilecido; todo es un negocio en el que unos pocos ganan y los más son explotados por sátrapas sin entrañas, ¿qué se le va a hacer?.
- ¿A qué viniste?, ¿no somos amigos?. Déjame el placer de escucharte y decide.
S fue atrapado, ya no podrá decir que no, tendrá que abrirse, que decir las cosas como son, disipar sus dudas; al menos escuchar un punto de vista de alguien que le quiere bien, que no tendrá más interés que el bienestar del amigo. S sigue en la duda. Todo el hombre ejecutivo y visionario para los negocios, en la vida personal es un desastre. Por eso no se enamoró; sabía de sus limitaciones y no quiso reflexionar sobre el particular y dejó pasar los días que se convirtieron en años, pero un día esa magia del amor atrapa, y es lo que le pasó, y a estas alturas, cuando ya ni siquiera pensaba ni le interesaban los momentos fugaces. La vida había terminado en lo sentimental sin inaugurarla, y no le hacía falta; tantas cosas por hacer y, a la vejez, viruelas. Su amigo lo miraba con toda la intención de que no escapara; ahí estaba y no lo dejaría ir. Sentía que era necesario que lo ayudara. Estaba en juego su felicidad, su futuro, de lo contrario no le hubiera hablado Su amigo ordenó el desayuno en la terraza. En un escritorio la computadora abierta, y la curiosidad le ganó a S. Se acercó y leyó: Para CCC y le preguntó si sería su próxima novela; “la estoy escribiendo”. ¿Fantasía o realidad?. “En el mundo de la literatura se mezclan tanto que no lo sé, te lo juro”. ¿La historia que escribes es sobre CCC?. “No, desde luego que no, pero ella existe. Es una joven especial, talentosa, llama la atención, te atrae. Me buscó, que quería editar mis obras completas. Vendrá el lunes y se decidirá. No me mires así, sabes que soy un caballero, pero bueno, qué te puede importar; es un juego de adultos, no seas moralista. No me jodas el día. A ver, siéntate, desayunemos”.
-Triple C, ¿por qué?.
– Porque es triplemente hermosa; es un encanto, es un ángel, es el amor, querido amigo.
– ¿Es algo de ti?.
– ¡Qué necedad!. Deja las cosas por la paz. Los caballeros no tenemos memoria. Vamos a sentarnos. Deja la computadora. Ahora estoy para atenderte, para escucharte no para hablar de mi vida personal. Supongo que no eres reportero de las revistas estúpidas.
Le movieron el piso a S. ¿Sería una coincidencia?. Sería increíble que fuera la misma, que los dos amigos estuvieran prendados de la misma mujer. Desde luego que él estaría de verdad, mientras que para su amigo sería una aventura, un juego, y sí quiso saber más y preguntó lo que significa CCC para él, y respondió: “La belleza, el cielo, el sol, la luna; el universo. La tierra y todos sus alrededores se inauguraron con ella. No sé dónde estaba, ni dónde estaba yo. Todo lo que he escrito es basura, lo que voy a hacer por ella es literatura, es el amor, es la ternura, pero también creo que es la violencia, es la paz pero con dejos de guerra, de pasión, de independencia, de lejanía y cercanía. No lo sé. Es un personaje salido del cielo mismo. Te juro que me enloquece. Nunca había experimentado algo así, de esta fuerza; es el dios con mucho de demonio, la mezcla del cielo y el infierno. Lo es todo, y voy a describirla en mi novela. Si me preguntas si estoy enamorado de ella, no te diré que no, pero tampoco te lo puedo asegurar. Es encontrar el sentimiento. Te sonará lo cursi que quieras, pero, ella es el amor, el círculo perfecto”.
- ¿Estás enamorado de ella?. Hablas de tal manera que es claro que sí. ¿No es un ideal, más que una mujer?. Tú que nunca diste tu brazo a torcer, ahora resulta que Cupido se quedó contigo. ¿Quién es, a qué se dedica, cómo es que llegó a ti tan sin esperarlo ya?.
- Te debo decir que, en el fondo siempre esperé algo así, que sin que estuviera tan presente, sí lo tenía claro, sí lo anhelaba. Aguardaba este fuego y, no te miento, lo busqué. Te doy mi palabra que en cada amor o aventura lo busqué, pero nunca se presentó, nunca tuve una fuerza así, una admiración así por alguien. Cuando me habló por teléfono su voz me encantó. Yo que nunca quise saber nada de la edición de mis obras por alguna compañía, siempre lo hice yo; no necesité de ello. Sentía que era como entregarles a mis hijos, y luego éstos prostituyen la literatura; sólo les importa el dinero y es lo único que publican, y no quise correr el riesgo. Por fortuna tengo el dinero suficiente para darme ese lujo, pero ella, CCC, no tardó en convencerme; es más, creo que desde su primer palabra ya estaba prendado, y cuando le conocí, soberbia, la imagen excelsa, la divinidad; ella es el amor, no hay otra palabra, y no la idealizo, es el ideal, no es la figura perfecta porque es la figura, la sonrisa, la mirada, el talle, la palabra y hasta el silencio. No sé si estoy enamorado, recalco, pero lo que siento es lo que más se parece a ello, y no me arrepiento; no lo medito, eso que sea la suerte, el instante, lo que sea, que mientras yo estoy en un estado de gracia, feliz; es una burbuja.
- Es la confesión del amor más especial que he escuchado, y me da gusto por ti. Me encantaría ser el padrino del casamiento, porque esto tuyo en eso terminará.
- No lo sé y no me interesa, no quisiera vulgarizarlo, terminar como todos. No sé, quizá me gustaría que estallara el amor, pero cada quien su independencia y vernos con total disposición, cuando sólo estemos para nosotros, cuando no haya reclamos, ni enfermedades, ni despertares descompuestos, sino ella y yo sin más; vernos si nos necesitamos, lo que no quiere decir que no sea todos los días, pero sin más, sin presiones, que pueda pararme a la mitad de la charla para escribir, y que ella también me deje si tiene una cita o asunto que atender, y que si le veo sola o acompañada en algún sitio no sea para sentir celos; y casarse es el recorrer el sendero de una mayoría un tanto zombi, reiterativa, en el confort.
- No me sorprende de ti, ¿pero ella?, ¿qué piensa, que siente, que es lo que desea?.
- No lo sé, si sólo le he visto una vez y el lunes vendrá a casa y hablaremos de mis obras. Si hasta es tonto lo que te estoy diciendo porque ella no sabe nada, y no sé si se lo voy a decir o me lo voy a quedar. No sé si tiene compromiso, no sé quién es ni lo voy a averiguar, no me interesa, que, pase lo que pase, ella es para mí. Lo es desde que la vi, aunque ella no lo sepa. No sé si tenga fuerzas para decírselo. Le he mandado flores a su oficina desde que la vi, pero en anónimo, sin ninguna palabra, y si fuera alguna, sólo le podría decir: “eres el amor”. Que se quede ella con ella, que yo la tengo para mí. Si viera alguna ocasión plena, no sé, quizá se lo diga, pero no es prioridad. Lo cierto es que si le amo, voy a escribir la historia de amor más dulce y platónica, y si quiero ella corresponderá, aunque sólo sea en las páginas de un libro que creo que sí, no sólo se lo dedicaré, sino que será ella. Amigo querido, que te digo, le amo, es mi ideal para mi ocaso, un ocaso, que, por fortuna, veo lejano y tengo el tiempo, el dinero y el amor para entregarlo si ella lo pide. No me espanta, ni cuento el tiempo, ni veo el mañana; lo que vale es este espacio y este tiempo; del futuro, Casandra, yo lo único que adivino es el amor que le siento; es y será suyo un segundo o una vida
- ¿Y si acepta estar contigo?, ¿no se te hace un acto de egoísmo por la edad?.
- ¿Entre adultos?, tú ponte a pensar: le busco, le pido tener una relación, si ella acepta, ¿no crees que conoce los riesgos, o que yo no los conozco tampoco?. Nos sabremos, ella me sabrá y yo a ella, lo demás no importa, es la vida y basta.
- ¿Y si te engaña, si termina viéndose con otro a tus espaldas, si te traiciona?.
- ¡Qué me importa!, ¿crees que voy a estar pensando en ello y se lo voy a reclamar cuando la vea, y eso en caso de enterarme?. Jamás. Si tiene otra aventura o mil, es cosa de ella. Hermoso me voy a ver, a mi edad, celándola. Eso que lo hagan los jóvenes. El amor que no tiene confianza no existe, y si me engaña, ¿Por qué no pensar que al que engaña es al otro?. Es igual. Lo cierto es que el tiempo que esté conmigo, será pleno; en ese momento ella será mía y después del mundo si ella quiere. Lo que te digo es que sí, mi amor es de verdad fuerte, sincero, seguro, pleno; si le doy lo que ella necesita, en todos los sentidos y en cada momento, ¿crees que va a buscar a alguien más?. Si lo busca es porque en algo le estaré fallando y bien hace en buscar. No le voy a condenar a vivir a mi lado si en algo o en mucho le fallo. A mí eso no me preocupa. Que ella sea feliz y que yo lo sea y párale de contar, amigo. En fin, las aceitunas no han sido plantadas; ni siquiera hay aceitunas, pero ahí está la idealización y está en mí. Estamos aquí para hablar de una situación tuya, pero hablamos de otro asunto.
- Amigo, no tengo nada qué decir, pero sí, fue una visita muy provechosa. Me voy y nos vemos pronto.
S salió con una pregunta, ¿será la misma persona, C y CCC?, pero también más resuelto que nunca, echado para adelante. Iría a la oficina, terminaría el día, y por la noche la visitará en su casa y le hablaré de amor, porque la amo, y voy a luchar por ella hasta el último aliento, así sea ella CCC que, por lo que sé, es mi amigo el que está enamorado, no ella, ¿o sí…?, ¿por eso su cansancio de la noche anterior?, ¿por eso el retrasar la cita?, ¿indiferencia o cansancio?. ¿Así se va a presentar ante ella, con tantas dudas, cuando que ella es una mujer resuelta y de decisiones de frente?.
Por la libre 2208 del 3 de noviembre del 2019 Por Ignacio Cortés Morales
10- ¿De vuelta a mí?
Preparemos todo, que no se olvide nada, desde la entrada hasta la mesa, que todo vaya iluminándose a su paso, que sea mejor que un set de cine, que sea único, que sea la luz, el universo iluminado, que con ella venga la vida, el amor, que sea la apología al amor, el final del arco iris, que sea la fuente de la que emana la felicidad, que no haya nada que se olvide, que no haya fallas, que sea su paso el resplandor, el brillar de estrellas y todos los cometas juntos, que sea la alegría la que entre por esa puerta, que sea ella la que se deslice por el camino, que le espero aquí, al pie de la mesa, no cualquier mesa, sino la mesa, la única, y que esté adornada, que al verla se quede en ella como una postal, y que mañana y todos los días se acuerde del sendero recorrido y de la mesa, que yo estaré al alba, que sepa que me llevó horas prepararlo todo, que al entrar sepa mi intención, que, cuando se lo diga, confirme lo que ya sabía, lo que iba a pasar, y que vaya preparando la respuesta en este amor que atraerá su amor para ser uno unificado, herméticamente cerrado para que no se salga, para que permanezca, pero la llave al lado, porque el amor sin libertad quizá permanezca, pero será en la prisión; el amor debe ser libre para existir.
C le pidió a S que la cena se moviera del viernes al sábado, porque no sabía a bien el estado de salud de su mamá, y el empresario accedió, a condición de que fuera en su casa y ella aceptó, dame la oportunidad, le dijo y se comprendió, por lo que le pidió a la secretaria que buscara profesionales para arreglar todo y que ella misma supervisara.
La joven se dio a la tarea, y así se dejó el camino acotado por rosas rojas puestas a la vera, e iluminado debidamente, con huellas en el centro para el fácil caminar, y en el centro del jardín la mesa, y los dos árboles aforaron el lugar, iluminados con un toque exquisito; los manteles largos, los platos y los cubiertos de especial atención, la música del cuarteto le dio una dulzura excepcional, con música clásica perfectamente seleccionada, lo que le daba el punto especial, y hacía que el lugar fuera único, y él, ya esperando, justo a las nueve de la noche.
El servicio listo, desde el que franquearía la entrada para que el coche entrara, quien abriría la portezuela y que se le ayudara a bajar a C que vio el camino iluminado, y sólo el camino, era a su paso, escoltada por dos damas, atrás, a dos pasos, y ella hermosa, vestido elegante, le venía al talle, color durazno, zapatillas del tono, y el peinado justo, enmarcándole el rostro deliciosamente maquillado para la ocasión; la pulsera en una mano y el reloj en la otra, con un bolso menudo para el complemento a la vestimenta, y él aguarda con el traje que seleccionó para la ocasión, gris, perfecto, una camisa azul cielo y corbata de un rojo suave, mancuernillas en el juego del pisacorbata. El cuarteto elevó el sonido de la música para dar la bienvenida a una estampa hecha mujer, la belleza caminando con la elegancia y la seguridad que le eran tan propias a C, quien le extendió las manos, él tomó el bolso, lo dejó en la mesa y la atrajo para un abrazo sutil y besos en la mejilla, sin precipitarse y dar por dado lo que, quizá, ni siquiera sea, era la plática del encuentro, pero no se pactó a dónde llegaría
Antes de la cena, el informe sobre la mamá de C, y los resultados de los análisis que se entregaron con números y diagnósticos positivos, lo que dejó a C sumamente contenta y agradecida con S por el cúmulo de atenciones que se dieron para la señora, y, al final, la alta para que fuera llevada a su casa, donde una enfermera estará al pendiente a lo largo de la noche por si acaso se le necesitara, “gracias por lo que hiciste por mi madre. Si te apreciaba antes, ahora no habla más que de ti y está agradecida. ¿Quieres hablar con ella?”, a lo que S atajó: ¿te parece que lo dejemos para mañana, si me permites que te visite?. “claro que sí, sabes que eres bienvenido en cualquier situación de la vida?”.
C entendió a la perfección el caso, sabía que no andaría por peteneras, que las reglas las va a imponer él, y ella no quería ninguna distracción del propósito de la velada única.
La cena tampoco dio pie para decir nada; todo fue sobre el trabajo; S no se atrevió a cuestionar si conocía a su amigo, si habían hecho una cita y si sería en su casa; no se dijo nada, y el tiempo avanzaba al ritmo que él tenía agendado, y fue tan meticuloso que a ella le causó algún problema; no sabía si aquella cena sería sólo de amigos, acaso de despedida, porque como transcurrían las cosas era de todo, menos una cita de amor, más que el escenario, pero ni una palabra de reconciliación, de nada especial, era casi absurdo; el ideal quizá para una reunión de amigos, de negocios, pero hasta ahí, así que ella lo miró con atención y dejó de seguir el hilo de la conversación para incomodar, para forzar a planteamientos serios, pero él no quiso darse cuenta de lo que pasaba y agotó hasta el último instante; cambió justo antes de que el hilo se rompiera, en un plan que preparó S, donde quizá quiso dejar que ella adelantara, pero no lo haría, “no fui yo quien falló, así que si continúa esta situación por cinco minutos más, me voy”, pensó.
Me acompañas, le dijo justo un instante antes de que ella se pusiera de pie y alegara cansancio para retirarse, y le dio el brazo para entrar en la casa, en la sala, donde él puso una música suave, alejado de miradas indiscretas, y en el centro el vino; un lugar cómodo, y al darle la copa se sentó a su lado, bebieron y le pidió la copa para dejarla en la mesa de centro, le invitó a bailar; ella dejándose llevar, él, tomando su perfume, la atrajo más para sentirla; ella se dejó absorber, se retiraron un poco, apenas un poco y le acarició la mejilla, estás más hermosa que siempre, y una sonrisa, apenas, asomó en el rostro ciertamente bello, con unos ojos profundos, esclavizantes, cautivadores, con unos labios que invitaban a besarlos, pero él no lo haría sin antes ir a las razones, a iniciar una vida distinta, de ellos, plena, y así siguió unos minutos más.
Ella se separó y fue a sentarse, él le siguió y sirvió más vino, por ti, le dijo, y bebió un poco, ella también, y había que hablar, que abrir las cartas y esperar la respuesta de ella.
No haré historia, no tengo preámbulo, no diré nada más, sólo que te amo; perfectamente sé lo que significas para mí, lo que eres; igual presente y, desde luego, futuro contigo.
Ella no dijo nada, permitió que él hablase lo que quería, lo que necesitaba, lo que requería, mientras que guardaba silencio, tomando nota en su inteligencia, donde llevaba no sólo la palabra, sino la intención, el tono, el matiz, la profundidad.
Estamos en el sitio de partida, en aquél que nos quedamos, pero ahora te siento fría, distante. “Te equivocas, más bien estoy esperando”; ¿pero no le resta espontaneidad al amor?. “No porque yo estoy cierta de lo que siento, siempre lo he sabido, siempre sé hasta dónde quiero llegar y sé del tamaño de mi amor por ti. Nos separamos no por mí, sino por ti; tú eres el de las dudas y los convencimientos de una serie de patrones por los cuales has surcado porque así lo crees conveniente, y yo no quiero eso, no lo voy a tolerar. Yo quiero todo o nada, o es la entrega total o hasta ahí la dejamos, con todo y lo que te estoy amando y que es mucho, pero las dudas terminarán por ser las redes en las cuales puede ser asesinado el amor y sería muy triste que, estando en las alturas, tengamos que despeñarnos, y no lo voy a permitir; por los dos”.
Ayer sucedió algo que puso a prueba los celos; salí adelante, y sobre la edad, no importa, vamos al frente, que ya la vida se encargará de resolver las situaciones, y no voy a preocuparme de nada hasta que lo tenga enfrente, y entre los dos vamos a resolverlo, empezando por lo de tener un hijo.
“A mí sí me inquieta lo de tener un hijo. En este momento te digo que lo que quiero es desarrollarme en lo que hago y un hijo vendría a cerrarme competencias, así que queda descartado por dos o tres años, por lo menos, y quisiera que estuvieras de acuerdo”, sostuvo C, quien se veía decidida y hasta severa; pragmática, más bien, y su tono no admitiría réplica. Era su última palabra y su postura, irreductible, inamovible, por ahora.
Sólo falta que dictes las cláusulas. Si no es un contrato, es saber del amor antes que otra cosa, y por lo que dices y por el tono, me quedo más bien en una plática de compra-venta más que en los sentimientos que, me parece, sería lo más importante para los dos.
Ella lo conocía de sobra, sabía qué botones tocar y en qué momento para que nada se le saliera de control, para no llegar al enojo que pudiera derivar en el rompimiento, porque él tenía su carácter y sus límites, así que tenía que cambiar el tono, la intención, la idea.
“Nadie lo duda. Ven, bailemos. ¿Te acuerdas cuando te declaraste en una pista de baile?. Nos quedamos bailando y los demás se habían ido a sus mesas. Para, tómame, bailemos. Esta vez no habrá ni las risas ni los aplausos, pero quiero que me hables como ese día, que me preguntes si quiero ser tu novia; como ese día, por favor; hazlo”.
Empezaron a bailar y le dijo al oído: no sé si tengo derecho a enamorarme, no sé si pueda ser prolongado, sólo sé que lo siento, que tú me has despertado el amor y que nada me gustaría más que iniciar una relación que no sé hasta dónde termine, pero lo que te prometo es que cada instante será para demostrarte todo lo que por ti siento. El amor no había llegado a mí; incluso pensé que estaba negado a ello, que nadie despertaría lo que por ti siento, y mira, has llegado y nada me haría más feliz que compartir lo que me queda de vida contigo, y te prometo que haré hasta lo imposible para presentarte el horizonte feliz que has soñado; yo soy feliz desde que supe de ti, allá, en la oficina, cuando pensaste que el dueño de la empresa sería un gordo inescrupuloso, pero no; no soy el mejor, pero soy y te amo.
“¿Seguro que no tienes dudas ya?”. Siempre habrá algo que corregir, algo que hacer, algo que preguntar, y lo que quiero es que me des siempre respuestas; de ti hacia mí, no tienes nada para preguntar porque te amo y no quiero que te vuelvas a ir. Estos días los sentí inútiles, vacíos, carentes de sentido. Todas las noches reflexioné sobre ello y me dije que los celos no se repetirían, que eres digna de confianza y no voy a destruir el sentimiento por elucubraciones, y sobre la edad, es algo que no puedo remediar, pero lo que es un hecho es que te amo porque eres hermosa, por tu franqueza, por tus sueños, por tus despertares, por tu osadía, tu valentía, tu esfuerzo de todos los días, tu talento y tu corazón de hija y de novia, de mujer, por tu brillantez, y te pregunto si sientes lo mismo que yo y si quieres compartir toda tu vida con mis problemas, mis pesares, mis dudas, mis alegrías, mis tristezas, mi todo. Te prometo que si aceptas, buscaré llevarte a la felicidad y sólo me retiraré cuando sepa que ya no podré darte bienestar, cuando sea un inútil. Ese día emprenderé el camino del no retorno. Me iré sin avisarte para que no vea tu llanto, ni el mío lo sienta, y que me quede con tu imagen de ahora, feliz, traviesa, juguetona, llena de vida. Acéptame, prometo no defraudarte. Por hoy sólo como mi novia que cuando lo quieras, como mi mujer. Dime si me aceptas, por favor te lo pido.
C se fue acercando más hasta que se detuvo y entonces él fue a su encuentro, a sus labios, a su alma, en un sí no de palabras, sino de hechos.
– Por qué tardaste tanto. Tu ausencia me dolió. No te vuelvas a ir. Un beso fue suficiente para cerrar los acuerdos, y ahora a caminar juntos S al lado de C, por los años que esa noche será de ellos para disfrutarse, siendo igual si es C o CCC

